Una mirada al siglo XIX

Fernando López Pascual

A mediados del siglo XIX se fundó en Málaga la Escuela de Bellas Artes deSan Telmo, como filial de la madrileña de San Fernando, y pronto comenzó a tener mucho éxito por la florenciente situación económica de la burguesía malagueña que mantuvo una fuerte demanda comercial de un tipo específico de obras. Hoy os mostramos a uno de esos pintores, Fernando López Pascual que aunque aún vive sigue su discicplina, sus técnicas y directrices tan fielmente como lo hicieron entonces Bernardo Ferrándiz y Bádenes, Carlos de Haes, Antonio Muñoz Degrain, José Denis Belgrano, Emilio Ocón y Rivas, José Martínez de la Vega o José Moreno Carbonero, por citar solo a algunos de ellos. Pero en nuestro caso es tal la meticulosidad técnica y tan alta las aspiraciones personales del autor que hoy os mostramos que es difícil creerlo.

López Pascual nació en Málaga, hoy tiene setenta y un años y sigue una rigurosa rutina diaria de trabajo digna de mencionar: Tras levantarse a las seis de la mañana se marcha andando al estudio que dista una media hora de camino, y es en el estudio donde almuerza livianamente para continuar trabajando habitualmente hasta las siete de la tarde. Esta disciplina es muestra de lo que es capaz de llegar a hacer en su oficio, pues no podría entenderse la meticulosidad de su obra sin un esfuerzo semejante.

La producción pictórica de la escuela malagueña se distinguió por hacer uso de la técnica realista, pero adaptada al gusto de la burguesía, carente de denuncia o reivindicación social. Como la mayor parte de la pintura española de la época, se limitó al género de costumbres, que reprersentan escenas populares, a menudo con una ambientación nacionalista o regionalista, los retratos, los paisajes y las naturalezas muertas.

Don Fernando entró con quince años en la Escuela de Bellas Artes de su ciudad natal y a los veinte entró en el Taller del pintor Pablo García Rizo, especializado en bodegones y flores. Luego dedicó cinco años a copias de cuadros en museos andaluces y esa producción se la compraban excelentemente coleccionistas y marchantes, pero sobre todo le proporcionó una excelente base sobre las técnicas y modos de los maestros del sur.

Existe en su pintura la impronta de lo español, entendido según el modelo de la ilustración que a partir del mito del Quijote se conforma apoyándose en una serie de rasgos estereotipados muy nuestros: el torero y la manola, la alegría flamenca y la desesperanza de futuro, pero todo en sus cuadros es franco y sin tapujos. Partiendo de un dibujo muy trabajado, López Pascual recorre un trabajo minucioso y lento de texturas y colores muy próximo a la miniatura, desarrollado más con técnicas actuales que de la manera en que otros clásicos se afanaban con sus eternas veladuras.

Un caso muy especial el de este artista, cuyo trabajo consiste en plantearnos una relectura de aquellas antiguas estéticas decimonónicas quen en muchos ambientes aún no han perdido vigor ni validez, y hacerlo de una manera franca y sincera, sin artificios ni trucos de dibujantes, sino con una dedicación obsesiva y un trabajo arduo y meritorio.

Y cabe resaltar en él un aspecto que se repite con cierta frecuencia en otros pintores tremendamente comprometidos con la búsqueda de la belleza: su disconformidad permanente con el trabajo realizado. No es que el hecho de pintar no le cause placer, de otra manera seguramente no lo haría, es que casi nunca acaba de sentirse satisfecho del resultado final de sus obras. ¿Si lo hiciera dejaría de intentar superarse?, quizás, al menos el temor a ello debe estar presente, igual que el sufrimiento producido por la autodisciplina, sin la cual no conseguiriamos doblegar nuestro carácter.

Por eso es muy extraño encontrar hoy a pintores como López Pascual, porque hay que se muy sincero consigo mismo para no usar técnicas fotográficas o valerse de otros artificos que descargarían el trabajo y el esfuerzo invertido, pero que sin duda variarían el resultado final, y eso, lo que queda, es lo único que importa al artista porque es lo único que le transciende.

Fernando López Pascual

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