LOS ÚLTIMOS DÍAS DE NUMANCIA

A la búsqueda de la identidad nacional

Alejo Vera Estaca. 1880.

Óleo sobre lienzo. 432×317 cms.

El cuadro que contemplamos hoy llamado “Los últimos días de Numancia”, aunque también “La toma de Numancia”, fue realizado por Alejo Vera en 1880 en Roma, ciudad en la que estaba pensionado en la Real Academia de Bellas Artes de España en Roma y precisamente este trabajo constituyó en todas sus fases los ejercicios obligatorios que hubo que presentar para la concesión de la prórroga de la beca. Fue presentado en la Exposición nacional de 1881, en la que ganó la Medalla de Plata, que fue conmutada por la Gran Cruz de Isabel la Católica y el cuadro comprado por el Estado por 12.500 pesetas, una pasta.

Nos cuenta el pintor de Viñuelas, Guadalajara, los momentos en los que las tropas de Publio Cornelio Escipión Emiliano “El Africano Menor” consiguen penetrar en la ciudad de Numancia, (cuyas ruinas están a unos pocos kilómetros de la capital de Soria), a la que pusiero sitio levantando un cerco de nueve kilómetros compuesto por fosos, torres y empalizadas. Tras trece meses de hambruna, enfermedades y contínuos ataques la gran mayoría de los numantinos prefirieron suicidarse antes que ser sometidos como exclavos por las tropas romanas, un relato que nos cuenta en primera instancia Plinio el Viejo, y más tarde Estrabón y Ptolomeo.

Los temas históricos de la antigüedad se pusieron de moda durante el romanticismo del siglo XIX, como consecuencia de la búsqueda de identidades nacionales cuestionadas o atacadas por las situaciones políticas y militares del momento. En España, la invasión napoleónica de 1808 provocó una reacción popular muy fuerte que hizo pensar a  población que el episodio de resistencia común frente al invasor ya había sido vivido en otras páginas de nuestra historia. En este aspecto, la elección por parte de Alejo Vera Estaca de este tema fue todo un acierto, ya que los cuadros de temática histórica española eran apoyados por la Real Academia de San Fernando y por el mismo Estado español, por lo que resultaban favoritos para ganar medallas en las Exposiciones Nacionales de Bellas Artes, incluso eran favorecidos por la crítica pictórica del momento, aunque luego fueron denostados y muy maltratados por ella. En este caso la crítica no estuvo a la altura de la obra que, además, pronto fue olvidada y pasó a formar parte del llamado “Prado disperso”, exponiéndose en la Diputación de Soria  debido a las inadecuadas instalaciones de nuestro Museo Nacional en aquel momento, mientras que el boceto a carbón fue expuesto en el Ministerio de Asutos Exteriores, donde aún continúa.

La imagen, compuesta según la diagonal cruzada derecha tan de moda en la época, destaca por el ambiente espeso conseguido por una luminosidad bien conseguida y un equilibrio del color quebrado muy adecuado en la escena, pero también por la teatralidad de los personajes y la disposición de las figuras en una escena repleta de dramatismo fúnebre. En su momento fueron ensalzadas tanto las enormes dimensiones del lienzo (432×317 cms) como el soldado muerto en primer plano, un escorzo de bruces contra el suelo que hoy resulta bastante improcedente, y sin embargo fueron denostadas las construciiones arquitectónicas y hasta las vestimentas, algo en lo que los críticos decimonónicos eran implacables, pues enseguida acostumbraban a tildar las escenas de poco realistas y fantasiosas por aparecer una murallas a todas luces exageradas, pero que solo pretendían dramatizar el estado de sitio feroz que sufrió la ciudad, básicamente para reforzar el mito de la identidad irreductible española que arrancó en los tiempos de ls ilustración en torno al mito del Quijote.

Pronto veremos otras imágenes de este excelente y poco reconocido pintor español, quien llegó a ser Director de la Real Academia Española de Bellas Artes en Roma, y cuya obra ha sido recuperada en gran parte debido al esfuerzo de la Obra social de Caja de Guadalajara, que a través de D. Álvaro Barbas Sotodosos nos facilitó la información necesaria para conocer la obra de este pintor, mediante un excelente trabajo firmado por Rosario Baldominos Utrilla, Mª. Lourdes Escudero Delgado y Alina Navas Hermosilla, a todos los cuales agradecemos su esfuerzo por conservar y estudiar esta parte de nuestro patrimonio histórico y cultural.

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