Las Meninas americanas

“Las hijas de Edward Darley Boit”

John Singer Sargent

Óleo sobre lienzo 2,21 x 2,22 metros.

Abril de 2010, el Museo del Prado invita al Museo de Bellas Artes de Boston, (donde se expone esta obra junto a los dos jarrones del taller de Hirabayashi, en Arita) a que el cuadro de John Singer Sargent sea expuesto temporalmente junto a Las Meninas. Reconoce así a esta obra como una de las de mejor calidad dentro de las que reciben una influencia directa de la cumbre de la pintura del barroco, influencia reconocida por el mismo pintor, quien el año antes había estado estudiando y copiando la obra de Velazquez en el Museo de Madrid.

¿Y qué es lo que ven los expertos en esta obra tan desabrida como para llegar a considerarla poco menos que Las Meninas americanas?:

Cuatro niñas posan en una habitación vacía, no están juntas sino solas, no hay ningún adulto que las cuide. La pequeña está sentada sobre una alfombra jugando con su muñeca en el centro de la imagen, las demás están de pie, posando en una extraña posición dispersa. Las dos más pequeñas están en primer plano, las mayores están detrás en semipenunbra, en especial la mayor, que se apoya de perfil en uno de los grandes jarrones japoneses que cierran el espacio del salón  como si dieran paso a una habitación en sombra en la que hay dos espejos.

Cuando vi este cuadro por primera vez me produjo tristeza, también pensé que las chicas mayores no eran hermanas de las más pequeñas, a pesar del nombre de la obra, sino hijas de sirvientes o compañeras de juego, pero quizá eso me pasó porque llevan un delantal blanco sobre sus uniformes de colegio. Luego supe que no, que eran hermanas todas, y que a lo largo de su vida las dos pequeñas estuvieron muy unidas y las dos mayores tuvieron serios problemas mentales. De izquierda a derecha eran Mary Louisa (1874-1945), a la izquierda del observador, que tenía ocho años entonces, Florence (1868-1919) apoyada en el jarrón, de 14 años, Jane (1870-1955) tenía 12 años y Julia (1878-1969), la pequeña, tenía cuatro, y de mayor fue una gran acuarelista.

Al mostrarse este cuadro por vez primera, en 1883, la crítica parisina (se pintó en Paris) dijo que era “Cuatro esquinas y un vacío”, frase que se ha repetido hasta la saciedad por otros críticos con peores versiones, como la de “cuatro retratos y una pintura”. Pero una vez más la crítica oficial falla en su apreciación y pasa por alto la sensibilidad exquisita de un artista a la hora de plasmar el retrato de unas niñas que se quedaban largas temporadas solas porque sus ricos padres estaban continuamente de viaje.

Volveremos sobre este pintor, porque en otro de sus cuadros siempre he querido ver unas “Las Hilanderas americanas”, por lo que en general podría decir que tenemos delante una obra del Velázquez americano, aunque salvando las enormes y evidentes distancias.

 

 

 

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