Las Lavanderas de La Varenne

Martín Rico Ortega

Las Lavanderas de La Varenne. Oleo sobre lienzo, 85 cm x 160 cm. 1865. Museo del Prado

Este precioso cuadro de Martín Rico, nos muestra a un grupo de dieciséis lavanderas, acompañadas de dos niñas, que realizan su trabajo en el borde del rio Sena. Si os traemos hoy este cuadro (por supuesto en alta definición, pulsad sobre él hasta ampliarlo cuanto podáis) es porque a pesar de estar expuesto en el Prado y de haber ganado una segunda medalla en la Exposición Nacional de Bellas Artes de 1866, no es una obra bien conocida por el público y casi podríamos decir que por su temática es una rareza entre nuestra pintura, así que observarla con todo detalle ampliándola cuanto podáis porque su calidad es tan excepcional que merece toda nuestra atención.

Los bocetos de esta obra nos permiten observar el métodod e trabajo de Martin Rico: En realidad hacía dibujos muy esquemáticos a lápiz sobre papel de las figuras que luego aparecerían en sus cuadros, pero al trabajar sobre el lienzo, casi no usaba lineas, sino que sobre la imprimación en blanco aplicaba mancha de color que al principio eran planas y sobre llas, poco a poco, iba perfilando las figuras aplicándoles sombras y luces para hacer los volúmenes con ayuda de pequeñas variaciones en los tonos. Es muy interesante ver que a pesar del colorido que consigue, el pintor utiliza muy pocos colores en su paleta y que al final esos colores los quiebra con la intención de igualar el tono y de no dejar que destaquen unos más que otros en el ambiente general.

Martín Rico fue uno de los paisajistas españoles de mayor relevancia durante la segunda mitad del siglo XIX y el que más trabajó fuera de España, pues estaba muy interesado en conocer la pintura francesa y se fue a Paris en 1862. Fue muy amigo de Camille Pisarro. Con él trabajó al menos durante un verano tomando vistas de cerca de la residencia del pintor francés en el lugar de La Varenne, sobre el Marne, en Saint Maur des Fossés, antes de que Pisarro cambiara su residencia a Pontoise.

Es de destacar que la estructura del cuadro guarda una preciosa y poco apreciable perspectiva según el curso del río, pero estructurada prácticamente sobre paralelas horizontales que no solo se establecen por la posición de las figuras de las lavanderas, sino por las franjas de espuma a ambos lados del río con las que consigue acentuar la profundidad. Rico intentaba conseguir un color “que le recordaba al de Velázquez” y que “le parecía finísimo”, y en efecto, con pocos pigmentos consigue una amplia gama de verdes y sobre todo un reflejo en el río de unos azules muy diferentes de los del cielo que otorgan al paisaje una luminosidad tan prodigiosa que nos suele hacer pasar por alto detalles como los de las figuras de la orilla opuesta.

Martín Rico trabajó este tema en varias ocasiones y se conservan no solo algunos dibujos a lápiz de figuras de lavanderas, sino también acuarelas y pequeños esbozos al óleo, pero fuera de la maravilla que hoy comentamos quizás el más destacable sea el que se subastó hace poco tiempo en Shotheby’s

El motivo de las lavanderas en la pintura lo comenzó, como muchos otros, don Paco Goya, nuestro geniazo, en un tapiz en el que una de las lavanderas pretende gastar una broma asustando a otra que duerme sobre su regazo al acercarle la cara de un cordero para que le chupe el rostro a la durmiente y así la despierte. Don Francisco no solo era un bromista sino un pintor y un espíritu libre, poco dado a las sujecciones de la Academia.

Y a partir de entonces este motivo pictórico vuelve a repetirse en algunos maestros alcanzando a veces cotas de una calidada sorprendente. Es lógico que Millet representara a un grupo de lavanderas afanándose en su tarea, lo que también en Francia constituía toda una novedad temática no reconocida, y su cuadro traería consecuencias en la pintura con muchos comentarios a favor y en contra y con una gran estela de seguidores.

De esta obra existe buena documentación y se conservan bastantes estudios previos, lo que no suele ser muy habitual en la obra de Millet. Merece la pena observar cómo el esbozo de una sola figura determinará la posición de las restantes y de la estructura general de la obra:

Personalmente en este genero debo destacar la obra del brasileño Eliseu Visconti, pintor del que pronto tendremos ocasión de admirar su obra en este sitio, pues su influencia de la pintura europea es aquí reinterpretada con una libertad y calidad que pocas veces se consigue, llegando a alcanzar una iconografía propia y una atmósfera más que personal por la utilización de una paleta de colores muy sobrios.

Y por último deseo mostraros la obra del impresionista colombiano Andrés de Santamaría, compañero de estudios de Zuloaga y Rusiñol, otro de los pintores de quienes hablaremos, sin duda, pues marcó toda una revolución en la pintura colombiana e introdijo la modernidad de la mano de unas técnicas impresionistas tan puras como las que observamos en el cuadro que os mostramos llamado “Las lavanderas del Sena”, pero en otras ocasiones su pintura derivó hacia el postimpresionismo y el surrealismo.

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