La terrible historia de Feodosia Morozova

Boyarynya Morozova

Óleo sobre lienzo. 304 x 587 cms. 1887

Vasily Ivanovich Surikov, uno de los pintores más importantes de Rusia en el siglo XIX, fue bisabuelo de los famosos directores de cine ruso Nikita Michalkov  (el de Ojos Negros, El Barbero de Siberia…) y Andrei Konchalovsky (el de Runaway Train), –sin que con ello queramos decir que lo de ser artista se hereda, pero ya hablaremos de esta familia-. En esta pintura, que se llama “Boyarynya Morozova” y se expone en la Galería Tretiakov de Moscú, nos cuenta el traslado al exilio Siberiano de la muy noble y beata Fedosia Morozova, convertida a la secta de Los Viejos Creyentes, quienes aún hoy la veneran (en Argentina aún quedan algunos) como mártir con el nombre de Teodora. Pero para entender el martirio debemos retraernos unos años:

 La Reforma de Nikon (nada que ver con la fotografía), llamada también el Raskol (Vieja Creencia), fue provocada en Rusia por la nueva redacción de libros de cánones y litúrgicos ordenada en 1654 por el patriarca Nikon a fin de acercar la Iglesia ortodoxa rusa a la Iglesia ortodoxa griega, primando el papel intervencionista del estado en los asuntos eclesiásticos, en fin que el estado ruso quería echarle la zarpa a la Iglesia Ortodoxa.

La orden de quemar libros viejos provocó una fuerte resistencia entre los creyentes y parte del clero, iniciándose así el cisma de Los Viejos Creyentes (los Raskólniki), acaudillado por el protopope Petrov Avvakum, de quien era seguidora la Teodora de nuestros entrelienzos, quien no solo se hizo partidaria de la secta, sino que tomó los votos monásticos y convenció a su hermana para que la siguiera.

Morozova era un personaje muy destacado en la corte rusa pues estuvo casada con un hermano de Boris Morozov (y este sí que era un tipo importante: Tutor cuñado del Zar Alejo I, tenía, entre otras muchas propiedades, a 55.000 campesinos). Durante su larga carrera en la corte del Kremlin, Morozov supervisó un número de Departamentos de Gobierno (llamados Prikaz), entre los que se encontraban Tesorería, Farmacia y Nómina. O sea, era como un superministro.

Aspirando a aumentar los ingresos de la tesorería, Morozov redujo los salarios de los empleados del estado e introdujo un alto e indirecto impuesto a la sal. Estas medidas causaron el Disturbio de la Sal en 1648. Los rebeldes reclamaron la destitución de Morazov, pero el Zar lo escondió en un palacio y luego lo envió a un exilio ficticio en el monasterio de Kirillo-Belozersky. Sin embargo, después de cuatro meses, Morozov retornó a Moscú, lo que os contamos por lo que sigue:

Ya, sabiendo quien era esta Feodosia (bastante Feodosia, la verdad), nos queda saber que el Zar (que ya hemos visto que acostumbraba a ir de farol con los destierros) en efecto promulgó el destierro de la beata a Siberia, tierra natal del pintor Surikov, pero fue un destierro que no duró mucho, un par de duros años de penurias, hambre y frío y que acabó conmutado por una oscura prisión, junto a su hermana, en un sótano subterráneo del Monasterio de San Paphnutius en Borovsk, donde Feodosia murió de hambre el 1 de diciembre de 1675, así que no sabemos qué fue peor, si el destierro o la cárcel.

Los Viejos Creyentes, que son conservadores de una moral estricta, de la prohibición tajante del alcohol, del tabaco, y de rasurarse la barba (entre otras varias), se persignaban con dos dedos, índice y mayor, a diferencia de los Nikonianos que lo hacían con tres (pulgar, índice y mayor), lo que se representa en el cuadro en la postura que mantiene Teodora en su trineo, dos deditos desafiantes que le salieron caros, pues la represión contra los Raskólniki fue implacable y en pocos años los que no salieron de Rusia por patas, fueron diezmados sin contemplaciones.

Ya vemos como Surikov comenzó a plasmar la idea de este cuadro en unos primeros bocetos a lápiz, muy desdibujados, unos siete años antes de terminar la pintura definitiva en 1887. Durante este tiempo no dejó de darle vueltas, primero con la estructura general del cuadro, lo que nos lleva en primer lugar al dibujo de volúmenes y al boceto de las posturas de los personajes.

El cuadro, una de las nueve obras de pintura histórica que realizó Surikov (y a pesar de ello es considerado sin duda el pintor histórico ruso por excelencia), ha sido analizado hasta la saciedad y ha generado una gran cantidad de literatura, y aún así sigue siendo casi un desconocido en el resto del mundo, pero dada la documentación de la disponemos y de la que este artículo da buena prueba, es fundamental para conocer la manera de trabajar de este pintor.

Teodosia Morozova, de soltera se llamaba Sokovnina, tiene el tratamiento de Boyarynya. (Boyarin para un hombre, Boyarynya para una mujer), lo que se aplica a una persona de la más alta nobleza en la vieja Rusia. Todos ellos eran descendientes de los grandes duques y los príncipes de Rusia. Su consejo, Boyarskaya Duma, es un órgano de gran alcance en la vieja Rusia.

  

Postaeriormente vemos como el pintor realiza estudios más acabados de los personajes y de los detalles de gestos, y texturas, telas, etc, en los que se realiza una aproximación a los tonos de color dominantes en la obra. Este del color ha sido uno de los aspectos que siempre han destacado más en la obra. Pero si algo es fascinante en estos estudios es verlos y situarlos en la obra definitiva que te mostramos al comienzo de esta extensa lectura.

       

  

Pronto tendremos ocasión de profundizar en la obra de este gran pintor que representa como ningún otro el espíritu romántico ruso, a pesar de ser uno de los fundadores del movimiento de Los Pintores Vagabundos, de los que inevitablemente tenemos mucho que hablar, pero eso es…otra historia.

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