La prueba del ojo inocente

Por más apariencia de dibujo de los años 50 que tiene el de la vaca mirando un cuadro que os mostramos, tiene poco más de treinta años, es de lo más actual. Igual de actual que su autor, Mark Tansey un  dibujante postmodernista americano a quienes los críticos tratan de asociar, de alguna incomprensible manera, con Magritte o hasta con Jasper Johns, pero no les hagáis caso. Afortunadamente no nos quedará más remedio que volver a hablar sobre él en otras ocasiones y tendremos oportunidad de profundizar en sus ocultos significados.

Haciendo uso de una excelente ironía y sentido del humor, Tansey nos ofrece una alegoría hiperrealista sobre la crítica de arte en esta obra titulada “La prueba del ojo inocente”, de 1981, en la que pinta al óleo (sí, es óleo sobre lienzo, aunque no lo parezca porque él siempre pinta con un solo color, diferente en cada obra) una escena en la que una vaca se presenta a observar un conocido cuadro del barroco holandés Paulus Potter, llamada “El Toro” (1645), que  también os enseñamos.

La vaca mira el cuadro y los demás esperan su veredicto, su juicio sobre la obra, ¿cómo reaccionará?, y lo que es peor ¿a quién le importa lo que piense una vaca?. Hay quien se dispone a anotar cuanto ocurra y también hay quien está ya dispuesto a recoger cualquier lindeza que el inocente crítico deje caer, por eso mantiene una fregona en la mano, (que, dicho de paso, ni es invento español ni data de la época franquista, sino que el limpiasuelos es fruto del natural dolor de riñones americano de finales del XIX).

Pero volviendo a nuestra estupefaciente escena: Las mentes de quienes rodean el mundo del arte parecen estar vacías, quien se supone que debería ser el experto, está mirando absorto a la vaca, quizá ha delegado su función crítica y valoratoria en el herbívoro, quizá esté realizando un evolutivo experimento, pero si alguien siente algo es la propia vaca que parece conectar con el buey tumbado del cuadro hasta el enamoramiento, lo que hace que el rabo se le ponga tenso, tenaz y enhiesto como un pincel.

Cabría preguntarse si a los toros del cuadro barroco les importa algo la escena actual, o si les importó en su momento ser pintados, aunque tanto daría, o si en realidad el toro crítico reconoce en la tela pintada la presencia de dos toros, algo muy alejado de su capacidad, o por último, si es de recibo que cualquier crítico se dispusiera a hacer una prueba inocente y tan falta de sentido como la misma crítica de arte.

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