La nueva pintura flamenca

Tony de Wolf

El artista belga Tony de Wolf estudió pintura durante siete años en la Academia de Bellas Artes de Amberes y también estudió las técnicas de pintura de Willem Dolphyn, el gran pintor clásico antuerpiense (o amberino) del siglo XVII. Este período de estudio le dio una base técnica sobre la que desarrollar su propio estilo personal y distintivo.

En un principio, lo hemos visto trabajar con referencias a los grandes pintores flamencos de los siglos XVI y XVII  y cómo trató de lograr una comparación de las capacidades técnicas, de las paletas de colores y de los materiales. Sus primeros trabajos estuvieron influenciados claramente por Willem Claesz (1594 – 1680) y Willem Kalf (1594 hasta 1680). Últimamente, su admiración por la frescura de las pinturas de Giorgio Morandi (1890 – 1964) se puede considerar como su principal ascendiente sobre las obras anteriores.


Al desarrollar sus habilidades y asentarse su confianza en el resultado de sus obras sus composiciones se han ido convirtiendo en más simples, lo que refleja una mayor apreciación de  colores sutiles, una mayor pureza en los trazos de las formas y un meyor equilibrio en la composición y en la disposición espacial de los elementos.


La belleza de sus cuidadosamente seleccionados elementos de cerámica, vidrio y frutas reflejan un estado de ánimo de paz y armonía y elevan el concepto de su pintura a otra categoría de arte, más apropiado para ser considerado un clásico pintor flamenco del siglo XXI.


Tony De Wolf nació en Amberes (Bélgica) en septiembre de 1961. Desde niño le gustaba dibujar. Siempre que podía encontrar un lápiz y papel, comenzaba a hacer bocetos, tratando de dibujar lo que los grandes maestros señalaron, así como lo que vio a su alrededor … objetos, imágenes cualquier cosa sobre la que se posaban sus ojos. Su obstinación le hizo sobrevivir en diversas situaciones.


Había una meta que le mantuvo activo: probar que iba a ser un gran pintor, con ganas de mostrar su talento al mundo, convirtiéndose en un compañero de tantos artistas que admiraba durante toda su juventud. Nadie en su familia predijo su talento, pero sin embargo él se mantuvo siempre fiel a su pasión.

Así que la voluntad de alcanzar lo casi inalcanzable, de tocar lo inasible, para crear la casi perfecta realidad visual en su pintura, lo convirtió en lo que es hoy en día: un artista muy valioso y de enorme talento. Después de siete años de clases de pintura en la Academia de Bellas Artes de Amberes, Tony buscó nuevos horizontes, nuevos retos que  encontraron guía en el taller de Willem Dolphyn y más tarde con Peter Van Tongerloo.

Aquí se encontró con nuevas e importantes técnicas y apoyo moral, lo que llevó a controlar el arte de la pintura de la naturaleza muerta de una manera hiperrealista, pero limpia y simple, minimalista en sus detalles, sobria, elemental y luminosa, despojada de cualquier adorno que la recargue.

En sus composiciones expone el talento técnico de los grandes maestros pero incorpora un nuevo enfoque en la presentación y selección de temas. Su deseo no es el de engañar al espectador haciéndole creer que está viendo la obra de un viejo maestro creando pintura contemporánea en el siglo XXI, sino que su pintura es una propuesta que puede verse como la evolución natural de lo que haría uno de los viejos maestros flamencos en nuestros días. Sus composiciones dejan al espectador atónito … casi se pueden oler las frutas y verduras, mientras que se goza de la frescura de sus colores.



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