La Expulsión del Paraíso

Thomas Cole

El comienzo del paisajismo estadounidense

1828. Oleo Sobre Lienzo. 122 x 91 cm. Museo Thyssen Bornemisza. Madrid.

Thomas Cole. “Expulsión. Luna y Luz de Fuego”. 1828. Oleo Sobre Lienzo. 122 x 91 cm. Museo Thyssen Bornemisza. Madrid.

Este precioso cuadro, que más parece un escenario de “El Señor de Los Anillos” que una obra realizada en 1828, es sin duda una obra de tipo alegórico, un paisaje inventado, influido por la tradición del romanticismo europeo, que identificaba la naturaleza con el Paraíso. Esta valoración, entonces novedosa de las tierras vírgenes americanas, que coincide en el tiempo con la independencia y con la industrialización de los Estados Unidos, derivó más tarde en la consolidación de la pintura americana como escuela nacional, desarrollada por los componentes de la llamada Escuela del Río Hudson. Los conoceremos en otra ocasión, pero hoy vamos a ver todos los detalles de esta preciosa imagen, que tiene una hermana gemela, y de las características de la obra de este pintor, que fue fundamental en la historia de la pintura estadounidense.

 

Thomas Cole. "Expulsión del Jardín del Eden". 1828. Óleo sobre lienzo. 39 x 54 cms. Museo of Fine Arts. Boston

Thomas Cole. “Expulsión del Jardín del Edén”. 1828. Óleo sobre lienzo. 39 x 54 cms. Museum of Fine Arts. Boston

Ya la ves, esta es la segunda imagen a la que he hecho referencia, se parece a la primera, pero las diferencias entre ambas son también muy notables:

El cuadro que abre este artículo y que se encuentra en la colección Thyssen plantea unos temas y unas paradojas extraordinarios.  Por el contrario, en esta, el Edén se representa mediante los elementos más primarios: Luz-luna / fuego-volcán / agua-cascada…  Sin embargo Adán y Eva, que están presentes en la obra de Boston, no aparecen aquí, quizá Cole pensó pintarlos más tarde y luego nunca lo hizo, pero es precisamente por su ausencia por lo que este cuadro produce un mayor impacto: Aquí el autor no pretende pintar un paisaje bello, sino sublime, y eso es lo que lo hace diferente a lo que luego será la pintura americana

Thomas Cole, considerado el padre del paisajismo norteamericano, inició su carrera como paisajista con vistas pintorescas del río Hudson. Expulsión. Luna y luz de fuego marca su viraje hacia un paisajismo de tipo alegórico. El motivo central lo constituye un puente sobre el vacío que el propio artista contempló en las White Mountains (New Hampshire) en 1827.

A partir de él, Cole recurrió a la imaginación para crear el escenario de la expulsión de Adán y Eva (pero ya digo que ambos personajes, sin embargo, no están presentes). La composición se ordena simétricamente en torno a la cruz formada por la cascada y el puente. A la derecha se sitúa el Paraíso y a la izquierda el mundo tras la “caída”. El acusado contraste entre la luz incandescente del arco y la penumbra que lo rodea acentúa el carácter sublime del escenario. Cole, temeroso de los efectos de la industrialización acelerada de los Estados Unidos, representa aquí el paisaje norteamericano como metáfora del Edén. Y no es la primera vez que lo hace, como en esa fuente que contiene, o domina, o es el origen del mundo:

Y que , aunque de un primer vistazo no es más que una simple pila de agua, una observación más detenida nos hará comprobar quie se sitúa encima de un acantilado en cuya base hay un pueblo, ya que en realidad todo el paisaje está a una escala muy reducida. Pero aún más, los leves chorros de agua que caen de sus laterales se convierten así en cascadas desbordantes de un mar poblado de barcos que se presenta plano y en cuyo borde observamos bosques, construcciones, personas… 

Toda una idílica visión de la naturaleza aún no cuestionada por la ciencia, lo que sucedió hasta Darwin. Hasta la llegada del barbudo evolucionista el paisaje y el paisajismo americano ofrecían una visión de América como tierra Virgen acogedora del Paraíso Terrenal. Y tan a gusto que estaban los puritanos con ella. Emerson, posiblemente sin pretenderlo, se erigió en portavoz de los artistas de principios del XIX y escribió “El ministerio más noble de la naturaleza es testificar la presencia de Dios”. Esta puñetera idea de la presencia de Dios en el paisaje natural desde luego no es la primera sensación que les causa a los primeros colonos, para quienes América es “un lúgubre yermo”, pero muy pronto este discurso cambia y comienzan a alabarse las riquezas y bendiciones de esta tierra, lo que conduce a la idea de América como pueblo elegido, que ha permanecido hasta nuestros días. Desde los primeros asentamientos existe una coherencia teológica en el desarrollo de los Estados Unidos como nación a la que guía una misión moral.

¿Cómo se pintaba entonces el paisaje?

“El Vado” de Claudio de Lorena. Ejemplo perfecto del paisajismo clásico. Museo del Prado.

Thomas Cole se convierte pronto en el padre del paisajismo americano porque aporta a él la composición ‘claudiana’ del paisaje. Cole es un artista inglés y como tal está influido (como todos los artistas europeos desde el barroco) por la manera que tuvo de pintar el paisaje un pintor francés que vivió en Roma, Claudio de Lorena. Al paisaje de Claude – delante de un francés le llamamos siempre por su nombre de pila, porque aunque él se llamaba Claude Gellée, los franceses le llaman Le Lorraine -el lorenés, porque había nacido en Lorena-, así que nosotros le llamamos por su nombre, Claude- bueno, pues a él nos referimos cuando hablamos de la composición claudiana. Claude, sin ser un tipo culto, lo hizo todo el solo, desde la base, no paró de trabajar en toda su vida, y por eso aunque nació en una familia humilde, terminó tratando con reyes y príncipes y alcanzó el mayor éxito personal, y nos dejó más de 300 cuadros entre otras muchas cosas. Ahora pienso que debería escribir algo sobre él, porque le falsificaron tanto que hizo un curioso libro en el que se podían verificar sus obras. Pero sobre todo nos enseñó una visión del paisaje ordenado y bien roturado del viejo continente, una visión idílica, un paisaje ideal propio de su concepción panteísta y clásica del mundo, modelado con la luz como elemento plástico y estético. Fue un buen tipo, el bueno de Claude, y terminó siendo adorado por los jardineros ingleses, siempre poniendo el ojo donde no cabía una paja.

Thomas Cole

Volvamos a Thomas Cole que, al menos él, aportó esa visión a la naturaleza virgen americana, aun no tocada por las manos del hombre. Pero fue el único, sus seguidores no porque luego las cosas cambiaron. Cole nació en 1801 en Inglaterra, en Lancashire y de joven se dedicaba a la xilografía. Cuando en 1819 se trasladó a  Estados Unidos con su familia, acabaron dando con sus huesos en Filadelfia donde Tomas consiguió dejar el grabado y comenzar a pintar en la Escuela de Bellas Artes, cerca del Hudson, aunque en realidad él pocas veces salía a pintar al campo, más bien pintaba sus paisajes de forma espiritualmente trascendente. Yo no sé si fumaba este hombre, pero permitía que ‘el velo de la memoria’ filtrara su visión poética de la naturaleza y su pintura. Él mismo era poeta (un poeta pedorro, la verdad) seguidor de Byron. Y en raras ocasiones salía al campo a pintar.

Pese a lo que ahora pueda parecernos, la pintura de paisaje de Thomas tuvo mucho éxito y comenzó a ser considerada por el público puritano culto como el primer paisaje americano digno de ser tenido en cuenta. La fama de Cole aumentó y eso condujo al final a que se viera rodeado de un nutrido grupo de artistas paisajistas que ejercían su oficio, como él mismo, en las inmediaciones de Nueva York, por lo que al final fueron conocidos como ‘La Escuela del Río Hudson’

Thomas Cole

Sin embargo lo que podía encontrarse a unos centenares de metros de Nueva York eran unas visiones que hoy no creeríamos. La potencia de la naturaleza era inconmensurable, totalmente virgen e intocada por la mano del hombre, de manera que era también natural que a los compañeros de Cole, menos preocupados que él por la cultura en el arte, les interesara más si picaban los peces en sus cañas o caían los animales en sus trampas, durante las largas sesiones de pintura en plena naturaleza. Eso produjo que las consideraciones paisajistas que dominan la pintura de la Escuela del Río Hudson sean muy distintas de las de su precursor. Pero esa historia os la contaré otro día. Hoy brindemos por este moderno de aspecto viejuno y patillas largas y disfrutemos de una buena colección de sus pinturas, como siempre en El Dibujante, en alta definición.

Thomas Cole

Textos irrespetuosos de Juan Muro

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