J. C. LEYENDECKER "¿El dibujante a quien Rockwell plagió?" (3ª Parte)

LOS FELICES AÑOS VEINTE

El éxito que los hermanos Leyendecker habían logrado en la década desde que salieron de Chicago les permitió mudarse una vez más, esta vez a New Rochelle, un suburbio de Nueva York, donde Joe construyó una casa grande en 1914.

En aquel momento New Rochelle era una comunidad en la que una serie de artistas habían establecido sus casas, incluyendo Frederic Remington (1861-1909), Edward Penfield (1866-1925), Orson Lowell (1871-1956), Dean Cornwell (1892-1960 ) y Norman Rockwell. Los Leyendecker se construyeron una mansión de 14 habitaciones con los estudios por separado y un magnífico jardín. Su hermana, Augusta, también vivía con ellos, al igual que Charles Beach. En este casa, se celebraban las fabulosas fiestas que marcaban la pauta de los locos años veinte.

F. Scott Fitzgerald y Zelda se encontraban entre los asistentes famosos, y el columnista de sociedad Walter Winchell narraba al pie de la letra la crónica periodística de lo que allí sucedía (y a veces de lo que no) a un público que devoraba casi literalmente todos los detalles pintorescos.

Como suele ser la norma en todas las cosas, la realidad no era tan pintoresca. Beach se convirtió rápidamente en un pequeño tirano, incluyéndose a sí mismo en todos los aspectos de la vida de Joe y, eventualmente, generando tensiones entre los hermanos Leyendecker.

El miedo a la exposición del público (y posiblemente también el temor a perder el amor de Beach) impedía  a J.C. poner mucha resistencia, e incluso después de casi un siglo, la sombra de Beach todavía cubre cualquier aspecto de la vida del artista.  En todos los aspectos Beach es a la vez caliente y frío, potente y oscuro, sí tenemos en cuenta la facultad de engrandecer el trabajo de Leyendecker (a pesar de no ser capaz de dibujar), junto con los más estúpidos episodios de celos, de inseguridad y de tiranía a la que sometió a Joe. Norman Rockwell se quejó de que nunca escuchó a Beach decir nada inteligente y lo llamó “estúpido”. Según él, en 1921 el problema era de maduración en la mansión Leyendecker, pero estos comentarios de Rockwell son solo especulaciones que no se pueden comprobar.

RUPTURA DEL CLAN Y LA MUERTE DE FRANK

En su autobiografía, Rockwell culpó a Beach de asfixiar e intimidar a J.C. y denunció a Beach como un ‘parásito chupasangre’. Se dijo que Frank no pudo seguir el ritmo de gastos habituales en la mansión y que ello le acarreaba problemas legales, así que manifestó estar cansado de la rata que él y J.C. habían creado. Pero cuando Beach comenzó a ayudar a Frank con sus problemas legales, Beach comenzó a controlar también a Frank.

J.C. se iba a casar, supuestamente, con “su prometida”, la belleza elegante que posó para su cubierta de 1923 como “Cleopatra”.

Se rumoreaba que JC quería poner fin a su relación con Beach, quien rápidamente amenazó con revelar públicamente la homosexualidad de J.C. para comprar su fidelidad.

Después de años de creciente tensión, Frank y Augusta se mudaron en 1923. Tras más de un año de malvivir en un garaje, Frank, que nació alrededor de la Navidad de 1877, murió el Viernes Santo de 1924, probablemente se suicidó, a la edad de 47 años. El biógrafo Michael Schau sugiere que la muerte de Frank fue producto de una combinación de drogas durante una fuerte depresión. Ciertamente tenía razón para estar abatido. Las últimas obras de Frank fueron mal pagadas y consideradas de baja calidad y sin brillo.

En la mansión Leyendecker el tema de Frank fue a partir de entonces tabú. Aunque la muerte de su hermano le afectó en gran medida, el éxito comercial Leyendecker no hizo más que aumentar. La Gran Depresión le costó a J.C. sus clientes de ropa de hombre, pero a él todavía le quedarían por pintar más de 90 portadas para el Saturday Evening Post en los diez años posteriores a la caída de la bolsa en 1929.

 

 

DECLIVE DEL ARTE Y MUERTE DE JOE LEYENDECKER

A finales de la década de 1930, sin embargo, la demanda de imágenes de Leyendecker se había desvanecido.La Gran Depresión y la Segunda Guerra Mundial cambiaron la naturaleza de los tiempos (de hecho, a partir de 1935 las ilustraciones de Rockwell parecen estar diciendo a los jóvenes que las cosas del magnífico tiempo  de Leyendecker ha terminado), y no pasó mucho tiempo antes de demostrar que la grandeza americana que Leyendecker se destacó en capturar pasó de moda. En 1943, la linea de la dirección del Post había cambiado y el nuevo editor consideraba que Leyendecker estaba demasiado fuertemente asociado con la “vieja” revista. Durante tres años, a J.C. se le asignó sólo la cubierta del bebé de Año Nuevo, luego cayó en el olvido por completo.

Tras más de 40 años de una relación mutuamente satisfactoria, Joe tenía que ir en busca de trabajo. Lo encontró, pero no en la cantidad que estaba acostumbrado. Algunos carteles de bonos y comisiones de trabajo del Calendario de Guerra lo mantuvieron solvente, pero sus cuentas corrientes se resintieron, y pasó sus últimos años en circunstancias económicas apuradas: mantuvo su casa palaciega en New Rochelle, pero con muchas dificultades y alquilando parte de ella a funcionarios. El American Weekly le contrató en 1945 para hacer las cubiertas. Un suplemento dominical de la cadena de periódicos Hearst, el Weekly, estaba impreso en papel de periódico. La calidad de la reproducción no era para nada como Leyendecker se había acostumbrado en el Post y esto debió haberle irritado mucho. El esfuerzo que puso en las pinturas de aquellos tiempos mostraba algunas de sus frustraciones.

Aunque a menudo Beach organizó galas y reuniones sociales-como las famosas por las que Leyendecker fue conocido en la década de 1920-, al parecer también contribuyó en gran medida al aislamiento social de Leyendecker en sus últimos años. Poco a poco los escasos informes de Beach prohibieron el contacto del exterior con el artista desde 1940, pero sobre todo en los últimos meses de su vida. En 1951,  mientras trabajaba para el American Weekly, Leyendecker murió de un ataque al corazón cuando estaba acompañado de su hermana Augusta y de Charles Beach.

Cuando murió Leyendecker, sus ahorros quedaron para Beach y la mitad de la finca fue paraa Augusta. Beach se dedicó  a la venta de telas y bocetos (y había muchos porque Leyendecker insistía siempre en el retorno de sus originales a los alumnos en la Art Students League). Sin embargo, al venderlos, Beach realizó un servicio inestimable. J.C. habría querido ver los bocetos destruidos -como siempre, sin querer revelar al hombre que existía detrás de la cortina del estudio- pero todos estaban donde Beach se había ido a vivir. En el momento de su muerte, el estilo Leyendecker se consideraba pasado de moda, mucho antes de la apreciación que los revivió. Los intentos de Beach por vender su arte no fueron exitosos. Muchos lienzos publicados en el Post tenían un precio de una venta por debajo de 75 dólares cada uno, y la Sociedad de Ilustradores celebró un espectáculo subasta con montones de dibujos y bocetos de precio de salida tan bajo como a un dólar cada uno. Hoy se consideran joyas de la historia del arte y alcanzan precios astronómicos.

Una tienda de artículos de arte en  tuvo un montón de cuadros para vender durante años. Fueron sobre todo otros artistas quienes adquirieron las obras, a veces gastando más de lo que podían, al apreciar la maestría técnica de la obra.

¿FUE LEYENDECKER PLAGIADO POR  NORMAN ROCKWELL?

Entre los portadores del féretro en el funeral de Leyendecker estaba Norman Rockwell, que para entonces se había convertido en artista principal de las portadas del Saturday Evening Post y estaba bien encaminado  a convertirse en el ilustrador favorito de los Estados Unidos.

J.C. Leyendecker, que una vez fue el artista comercial de mayor éxito de los Estados Unidos, fue enterrado en el cementerio de Woodlawn en una tumba sin nombre, tal como dispuso, junto a su hermano y sus padres, sin ambicionar una posteridad artística de alto nivel.

Hoy en día se acepta generalmente que Norman Rockwell estableció las imágenes más conocidas de la cultura americana, pero en realidad son muchos los críticos que dicen que en muchos casos fueron recogidas en gran parte del repertorio de Leyendecker y es cierto que Rockwell prácticamente hizo todo lo posible por imitar a J.C. Leyendecker.

Esto no es algo que nos inventemos, en su autobiografía, él dice: “Yo le había seguido por la ciudad sólo para ver cómo actuaba … Yo le pedía al Sr. Leyendecker respuestas de lo que hizo cuando estaba pintando.. ¿Se ponía de pie o se sentaba? ¿Hablaba con los modelos? ¿Qué tipo de pinceles utilizaba? ¿Usba las pinturas de la marca Winsor & Newton? “. Rockwell Se mudó a New Rochelle para estar cerca de Leyendecker. Analizó hasta el último detalle cómo J.C. desarrolló sus ideas para las portadas. Estudió su estilo y la técnica, utilizando en su propio trabajo gran parte de la misma: a grandes rasgos, fondo blanco, figuras proyectadas fuera del marco de la cubierta que cubre los logotipos, caricaturas y pintura. Imitó a J.C. tan completamente que el público se confunde a menudo con sus ilustraciones.

 

 

 

 

 

Un rápido vistazo a la labor de los dos hombres hace que inmediatamente surjan insinuaciones, cuando no directas acusaciones de plagio por parte de Rockwell. Aún descontando el hecho de que periódicos como The Saturday Evening Post hayan mantenido una postura al respecto conformista, no está clara la originalidad de Rockwell y hay quien ve demasiado premeditado el plagio por más que pasemos por alto,  no sólo los motivos  sino la composición básica de las obras.

Pero ¿es esto plagio?, ¿debemos considerar que Norman Rockwell fue innoble hacia el arte del maestro?. No parecía ser esta la opinión de Leyendecker, quien nunca quiso ni tuvo una confrontación al respecto con su amigo, alumno y vecino Norman. Cuando sus amigos le advirtieron que Rockwell estaba robando su estilo, él no protestó. Hay quien dice que quizá por ser un hombre gay y un inmigrante en el siglo XX, también se acentuaron sus precauciones para evitar problemas.  Quizás en esto Rockwell tuvo suerte, ya que otro hombre podría haberse sentido traicionado.

Pero esto es solamente una manera de ver este conflicto. Desde la otra parte puede interpretarse que todos los grandes ilustradores han creado escuela de seguidores, y es evidente que Norman Rockwell alcanzó una madurez artística equiparable al menos a la de Leyendecker, a quien no solo sucedió, sino que eclipsó en un breve espacio de tiempo, aprendiendo de él y respetándole tanto que hay quien dice que hizo para el Post 323 portadas porque Leyendecker había hecho 324 y esta fue su manera de situarse detrás de uno de los mejores ilustradores de todos los tiempos:

———– Joseph Christian Leyendecker ———–

VN:F [1.9.22_1171]
Rating: 6.7/10 (3 votes cast)
J. C. LEYENDECKER "¿El dibujante a quien Rockwell plagió?" (3ª Parte), 6.7 out of 10 based on 3 ratings