Cuatro aves para un pedestal

Las estatuillas del pedestal de la estatua de Gabriel y Galán

Estatua de Gabriel y Galán en Cáceres

En el Paseo de Cánovas, el principal de los parques públicos de la ciudad de Cáceres, existe una estatua de Gabriel y Galán, que fue el primer monumento del escultor Enrique Pérez Comendador, quien ganó su encargo en concurso público.

La estatua se colocó en 1926 y está realizada en bronce, no es nada fea, aunque tampoco es una maravilla, representa al poeta del castúo sentado y sereno. Su pedestal está realizado en piedra caliza de Salamanca y a mi sí me resulta precioso porque tiene dos bajorrelieves memorables en los que la gente se fija muy poco, y un escudo en su parte trasera en el que afortunadamente la gente se fija menos.

Pero lo que me trae a este artículo son cuatro pequeñas aves de bronce que rematan el pedestal de piedra. Desde el principio se apoyaban en el pedestal estas cuatro pequeñas y preciosas figuras que acompañaban desde siempre al poeta en su poesía y a la figura en su pedestal.

Las cuatro aves modeladas en barro

Haciendo los moldes

¿Desde siempre estuvieron ahí? No, que los cacereños también tienen a sus cafres capaces de arrancar cualquier elemento urbano que no esté en el momento del ataque vigilado muy de cerca por los guardias urbanos.

Ya acabadas

En efecto estas aves desaparecieron un buen día del pedestal, que amaneció con sus esquinas superiores mochadas, para sorpresa y estupor de los cacereños, quienes se acostumbraron a no protestar por nada hace mil años, y ante este pequeño incidente solo pudieron ahora incomodarse íntimamente.

Las aves de bronce no vuelan

Pero los poetas también lloran, y las estatuas rotas claman, aunque a duras penas se  les oiga. Y este fue el caso:

Alguien con suficiente poder oyó la queja y me encargó restaurar los pajarillos a sus posiciones, investigar sobre sus formas, rehacerlos y colocarlos.

El escultor colocando las aves.

Es por eso que en los tres primeros días del año 2017, Juan Muro se tomó en serio su particular encargo de dotar a la ciudad de un detalle casi sin importancia, de unos pequeños adornos en el pedestal de su poeta más famoso, cuatro aves: El Mochuelo, La Alondra, La Paloma y La Perdiz, con las que Gabriel y Galán hablaba de cosas tan bellas como la inteligencia natural, la alegría de vivir, la paz y la belleza femenina respectivamente.

(…)

Henchía los pulmones
un airecillo
con aromas de espliegos
y de tomillo;
flotaban las neblinas
en la hondonada,
bramaban los becerros
en la majada,
las alondras corrían
por los caminos,
las urracas chillaban
en los espinos,
silbaban los vaqueros,
cantaba el cuco
y graznaba el imbécil
abejaruco.

(…)

El poeta escoltado por sus símbolos