Bernini y el busto instantáneo

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Hace un tiempo ya que pude observar muy de cerca esta obra de Bernini, que expuso El Prado junto a su dos ‘Ánimas’ en una muestra temporal del genial escultor, se trata del retrato de quien fue su primer mentor, el cardenal Scipione Borghese, un busto de medio cuerpo realizado dos veces gracias a una curiosa anécdota que hoy os quiero contar.

Apreciar de cerca el acabado de las obras de Gian Lorenzo es precioso, quizá fue el mejor escultor de todos los tiempos, el más completo, el más atrevido… Pero si quería ir a ver esta obra es por lo que siempre se ha contado de ella, (aunque mucha gente achaque este suceso que sigue a Miguel Ángel, como tantas otros, que en la escultura todo se le achaca al bueno de Buonarotti).
Cuando Bernini hizo estos retratos el cardenal Scipione era ya mayor, tenía 56 años. Por primera vez usó un método en escultura que a partir de entonces usarían también otros artistas: el método del coloquio con el observador. Es decir, el de retratar un sujeto en movimiento. Contrariamente a lo que se había venido haciendo hasta entonces Bernini no hizo posar al Cardenal sentado y quieto, sino que le pidió que se moviera mientras le retrataba. Le ofreció una copa de vino, brindó con él, hablaron, rieron … y de este modo captó su esencia y nos mostró su personalidad. Miradlo, tiene la boca abierta, los ojos le centellean, son fruto del caracter explosivo del cardenal, que igual reía a carcajadas que blasfemaba en arameo dejando su cólera explotar por nimiedades. Sería una escultura perfecta si no fuera porque cuando la había casi terminado, por culpa de un defecto del mármol una grieta fuera de veta (nosotros los llamamos ‘pelos’) le cruzó la cabeza.
Bernini. Primer retrato de Borghese

Bernini. Primer retrato de Borghese

Y esto sucedió porque Bernini, a diferencia de Miguel Ángel, no iba nunca a elegir él mismo los mármoles en la cantera pues consideraba al mármol una materia viva con la que el artista podía jugar. ¡Esa grieta que cruzaba el busto era una mala jugada! podía desbaratar la figura en cualquier momento y poner su prestigio y su carrera en peligro. Entonces Bernini decidió jugar duro y transformar su desgracia en gloria. En tan sólo 15 días, 3 según su hijo, hizo otro retrato idéntico, pero entregó el retrato defectuoso, aquel con la cabeza casi rota, al cardenal sin decirle nada. Cuando el Cardenal vio el retrato, desilusionado, le tiró los trastos a la cabeza. Y fue entonces, en medio de los insultos y de aquella desmesurada ira, que tanto gustaba a Bernini, cuando este le mostró el busto bueno. De este modo, cuando el Cardenal estuvo calmado no tuvo ninguna duda que su artista era un genio capaz de hacer una obra sublime en un abrir y cerrar de ojos.
Yo siempre he pensado que esta anécdota era una exageración. Quienes seguís mi trabajo sabéis de los esfuerzos enormes que debemos hacer los escultores de piedra dura antes de comenzar la fase de la talla, pero… los artistas son esas personas capaces de cualquier cosa no apta para el resto de los mortales, todo es posible para ellos, y la veracidad de esta historia dependería del tamaño del bloque y del momento exacto en el que la obra se abandonara. Ahora, después de verla de cerca, creo que sí, que es posible un logro de semejante envergadura, aunque nunca en el plazo que se indica, y que el nuevo bloque elegido es casi tan malo como el anterior, aunque no volvieron a salir pelos, pero la obra sin duda alguna prodigiosa.