El Fauno Borracho

El Fauno BorrachoUn joven desnudo al que llamamos Fauno descansa o duerme en postura sexualmente explícita. ¿Qué significa esta escultura? ¿De dónde salió? ¿Por qué decimos que es un fauno?

Durante su búsqueda de piedra para esculpir, los antiguos griegos recorrieron grandes distancias y hallaron una isla en la que las piedras blancas llegaban hasta el mar. Probaron a fondo esa piedra y resultó excelente para lo que se proponían. La isla se llamaba Mármara, porque estaba en su totalidad compuesta de mármol y terminó por darle nombre al mar de Mármara en Turquía, donde se encuentra. Para los griegos era la mejor piedra con la que hacer sus dioses, (“la piedra de –el mar- Proconneso”).

Mármol en la costa del Mar Egeo

Mármol en la costa del Mar Egeo

También los romanos la usaron por su color blanco y su “sfumatta cerúlea” (difuminado como la cera), pero sobre todo por su dureza y su facilidad de transporte, porque las canteras están junto al mar, aunque al romperse huele un poco a cebolla y por eso le llamamos mármol cipolla (cebolla), -diferente del mármol Cipollino, que es el mármol de Caristo-. Hoy puede seguir comprándose mármol estatuario de las canteras Imperiales de Mármara en la ciudad de Saraylar:

Canteras de Saraylar

Canteras de Saraylar

Con este mármol se hizo esta escultura a la que conocemos como el Fauno Borracho, el Fauno Barberinni, o el Sátiro Ubriaco, una de las mejores obras de la escuela de Rhodas. Hay quien dice que lo que hoy conocemos es una copia muy antigua de un original en bronce, porque en aquella época se valoraban más los bronces que los mármoles, ya que era complicadísimo sacar las esculturas de bronce, (lo que os explicaré otro día) no como hoy que se hacen en serie, y siempre aguantan mejor la intemperie sin mancharse (ya están manchadas desde el principio). Pero en realidad las esculturas en mármol siempre se consideraban más finas, mejor acabadas, se conseguían texturas impensables en metales fundidos y por eso hasta se las policromaba y se las guardaba en interior. Su apariencia era tan real y fabulosa que incluso cuando terminaban por perder la policromía resultaban bellísimas, así que terminó por imponerse no pintarlas, dejarlas desnudas.
Tras todo lo que habían aprendido ya los escultores griegos de sus antepasados, desde los muy antiguos Deinómenes, Praxias o Kritos, hasta llegar a Agorácrito, Mirón o Fidias el Grande durante los siglos VI y V (el siglo de Pericles), e incluso después en el IV con Praxíteles, en el siglo III comenzó una escuela de escultura en la isla de Rhodas, a 450 kilómetros de Atenas, favorecida porque los mercaderes de esa isla se hicieron muy ricos y comenzaron a decorar sus villas con excelentes esculturas. No solo las ponían en sus patios y jardines, sino en el interior de sus estancias y hasta en las fachadas y entradas, para recibir a los visitantes. Las casas fueron haciéndose cada más fastuosas, y las esculturas más grandes, más libres de temática, con más movimiento, y terminaron por superar a cualquier cosa conocida hasta entonces, incluso en la propia Atenas.
Uno de los motivos que les gustaba representar era el viaje de Dionisos (su Dios del Vino) a la India, acompañado de su “Cortejo Dionisíaco”, pues este dios no solo se dedicaba al vino, sino que por extensión también lo hacía al Teatro y a la Agricultura, pero su papel fundamental era liberar al hombre de la preocupación mediante el éxtasis y la locura (producida por la música, el vino o el sexo). En fin, una bonita forma de recibir a alguien en tu casa. Entre el cortejo Dionisíaco estaban los Sátiros y las Bacantes. Los sátiros, confundidos con los Faunos, siempre fueron representados como viejos y feos (podían ser violentos y malos), hasta Praxíteles, que los dulcificó y rejuveneció con su “Sátiro en Reposo”, luego comenzaron a ser más bellos, como este mismo.
Nuestro sátiro descansa sobre una roca, sin la costumbre habitual del priapismo (pene erecto) que suelen lucir.

El pene

Duerme, casi atormentado apoyado en la piel de un animal y con ambas piernas, muy humanas, abiertas hasta tener una postura demasiado sexualmente explícita.

El Fauno Borracho

¿Pero no tenían los sátiros patas de cabra, rabo y cuernos? Bueno, si nos fijamos detenidamente veremos que nuestro Fauno tiene rabo y cuernos, lo de sus piernas y su postura es fruto de un curioso incidente:

El rabo
Durante el año 410, Atalarico I, rey de los Godos, invadió y saqueó Roma, que como siempre era defendida desde el Castelo de Sant’Angelo. Pues bien, durante el ataque, los defensores del castillo, viéndose morir, tiraron como balas cualquier pedazo de piedra que encontraron en el interior del castillo, y una de esas piedras fue nuestro Fauno Borracho, que desde entonces perdió las dos piernas y un brazo. Una lástima, que para entonces nuestra escultura de 2,15 metros de altura tenía ya más de setecientos años y ahí quedaría enterrada otros mil doscientos trece años. Castelo de Sant’Angelo

Castelo de Sant'Angelo

Castelo de Sant’Angelo

Todos esos años después, durante el Pontificado de Urbano III, en 1643, se hicieron unas excavaciones en el Castelo a las que llamaron las excavaciones Fossat, porque vaciaron el foso. Apareció de nuevo El Fauno Borracho, aunque mutilado, enseguida fue comprado por Barberini para su colección, y pronto se le encargó al mejor escultor que había que lo restaurara.
Intervino entonces Bernini, el arquitecto que ya entonces construía el Palacio Barberini, pero también escultor de tal calidad que solo podríamos equipararlo al propio Michelangelo o a Fidias, y que en este caso, metió la pata. O mejor dicho, puso de nuevo las dos piernas, porque ahora eran humanas, pero en una postura que no se correspondía con la original del Fauno, lo que le da este aspecto lascivo que originalmente no tuvo.
Hoy la colección Barberinni sigue siendo una maravilla, porque ya es propiedad del estado, que como canta el dicho romano “Todo lo que no hicieron los bárbaros lo hicieron los Barberini”, aludiendo a los tejemanejes que la importante familia de mecenas romanos hacían con las obras de arte. Al cabo, el fauno acabó en la colección de antigüedades del rey Luis I, y hoy se muestra en el museo más antiguo de Munich, el Glypothek, rodeada de otras muchas de las más importantes esculturas clásicas de Europa.

Glypothek Museum, Muich.

Glypothek Museum, Muich.

Pero a pesar de haber sido mutilado, enterrado casi la mitad de sus 2300 años, y recompuesto en otra postura diferente de la original, el Fauno Borracho sigue mostrándonos un aspecto muy moderno, el ideal estético de un hombre joven y atlético, dormido pero en tensión, con la boca entreabierta y el ceño fruncido, lo que sin duda era fruto de un exceso ¿de alcohol o de sexo?

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