El Van Gogh español

Joaquim Mir (1873 – 1940)

El hombre que pintaba colores

"Herrumbre en la cueva del Rovell". Joaquim Mir. 1903

“Herrumbre en la cueva del Rovell”. Joaquim Mir. 1903 

Viene hoy elDibujante con una de las historias más fascinantes del arte en el mundo hispano, la de un artista no tan valorado como debiera fuera de su tierra natal, que fue capaz de romper con las tendencias artísticas que habían marcado su trabajo y lanzarse a la comprensión personal de su pintura según unos parámetros inexplorados. Señoras, señores, tenems el placer de enseñarles el gran genio de Joaquim Mir:

Paisaje. Joaquim Mir

Si le llamamos el “Van Gogh español” es por las semejanzas que esta historia mantiene con la de Vincent, y no tanto su obra, que en ocasiones rozaba el abstracto. De ella podemos aprender que la pasión desmedida por la pintura puede conducirnos a la locura, que la búsqueda incansable de la estética puede tener un alto coste personal, y que la genialidad no es algo gratuito. Pero tuvo Mir la poca fortuna de vivir en un país altamente politizado en el que su figura fue utilizada con criterios externos al arte, y por ello minusvalorada con frecuencia. Por otra parte lo que quedó escrito de su vida fue obra, en su mayor parte, de Josep Pla, quién reconoció que la biografía escrita por él sobre nuestro artista se realizó una vez que este había muerto y sin llegar a conocerse personalmente, por lo que ahora se cuestionan muchas de las afirmacioones que contiene. Pero además en dicha biografía se recogen impresiones de terceras personas que difundieron una imagen de Mir poco acorde con la realidad, la de un hombre raro y huraño, un artista intransigente y de una personalidad poco social y comunicativa, lo que en ningún caso fue cierto.

Alrededores de Olot. Joaquim Mir

Joaquím Mir i Trinxet nació en Barcelona en 1873. En su juventud trabajó en el negocio de bisutería y mercería de su padre haciendo de viajante. Ya entonces era un tipo muy simpático y a todo el mundo le caía más que bien. Comenzó los estudios de peritaje mercantil al tiempo que dibujaba sin descanso y aprendía de manera autodidacta todo lo relacionado con el arte de la pintura. Posteriormente abandonó el peritaje para dedicarse a la pintura gracias a un pacto con el hermano de su madre, Avelino Trinxet, que le hacía de marchante.

"Camino de Vilanova i la Geltru". Joaquim Mir

Hacia 1889 inició sus estudios artísticos en la academia privada de Luis Graner, junto a Nonell y más tarde, se matriculó en la Escuela Oficial de Bellas Artes de Barcelona. Comienza a relacionarse entonces con un grupo de pintores con los que forma “La colla del Zafra” (El grupo del azafrán) pues en sus obras predominaba un color ocre, artistas como Joaquim Sunyer, Isidre Nonell, Ricard Canals o Ramón Pichot, con quienes sale a pintar por los alrededores de la ciudad. De esa época sus obras más significativas son escenas que reflejan la dureza de a vida campesina, pero también de los suburbios de Barcelona.

La Catedral des pobres. Joaquim Mir. 1898,

La Catedral des pobres. Joaquim Mir. 1898,

El ejemplo más destacado de este periodo es “La catedral dels pobres” en la que muestra a un grupo de mendigos en la puerta de la Sagrada Familia. Mientras en primer plano se ve a una familia de pobres de solemnidad en penunbra, tras ellos se sitúa uno de los canteros que trabaja en la incipiente catedral, que se vislumbra al fondo en un contraste de luz que le da un dramatismo extremo a la obra.

En la huerta. Joaquim Mir

“En la huerta”. Joaquim Mir

A finales de siglo se convierte en un asiduo de Els Quatre Gats, un pequeño mesón en la calle Montsió (o Montesión) en los bajos de la Casa Martí, donde al modo en que se hacía en París en el Chat Noir (cuyo nombre parafrasea) se reunían los pintores modernistas como Santiago Rusiñol i Prats, Ramon Casas i Carbó y Miquel Utrillo, pero no solo ellos, que también lo frecuentaban Rubén Darío, Issac Albéniz, Enric Granados, o el propio Gaudí.

"Interior de una iglesia". Joaquim Mir

Aunque toma contacto con muchos artistas que están en la vanguardia europea, como Picasso que realiza sus dos primeras exposiciones individuales en Els Quatre Gats, Mir no varía su estilo de pintura, pero sí perfeccionó las composiciones de sus paisajes introduciendo figuras en diferentes planos de profundidad. Esto lo podemos apreciar bien en su otra gran obra maestra de esta época: “Las laderas de Montjuic”

"Las laderas de Montjuic". Joaquim Mir

“Las laderas de Montjuic”. Joaquim Mir

Joaquim se hace entonces muy amigo de Don Santiago Rusiñol, sin duda el pintor más respetado por los artistas del momento, y este le anima a que solicite una beca para continuar sus estudios de pinura en Roma. Mir va a Madrid a solicitarla en 1899, pero al no conseguirla viajará a Mallorca con Rusiñol, dando lugar a la creación de un lenguaje propio en su pintura, lo que representa uno de los episodios más notorios de la pintura del siglo XX en España, pues los cuatro años que pasó en la isla le cambian personalmente y transforman su obra hasta extremos insospechados.

"Palma de Mallorca". Joaquim Mir

“Palma de Mallorca”. Joaquim Mir

La isla tenía en aquel tiempo un primitivismo, un exotismo que la literatura romántica había descubierto. El encanto de sus paisajes y la vida arcaica de sus habitantes le conferían la imagen de paraíso que algunos, como George Sand y Frédéric Chopin habían disfrutado personalmente. Mir, junto con Rusiñol, el pintor belga William Degouve de Nuncques y el mallorquín Antoni Gelabert, entre otros, destaparon con sus cuadros la belleza de la isla dorada. Dieron a conocer una naturaleza repleta de calas y cuevas, con el mar y los acantilados, creando un paisajismo simbolista que tuvo mucho éxito y que en algunos, como en Mir, alcanzó un lirismo cercano a la abstracción.

"Paisaje de Mallorca". Joaquim Mir. 1904

“Paisaje de Mallorca”. Joaquim Mir. 1904

En Mallorca Mir hacía una vida entregada a la pintura. Celoso de los lugares que descubría, los escondía incluso a Rusiñol en cuya casa vivió una buena temporada. Pintaba de sol a sol, a menudo más de una tela a la vez, encaramado a las peñas. Limpiaba los pinceles en su ropa o su barba y en los cinco años que vivió, patrocinado por su tío Trinxet, llegó a pintar un centenar de telas, algunas de grandes proporciones, tres paneles por el Gran Hotel de Palma y la decoración del salón de su tío, obra que fue muy comentada entre la burguesía barcelonesa.

Diseño para las vidrieras modernistas de la casa de su tio. Joaquim Mir.

Diseño para las vidrieras modernistas de la casa de su tio. Joaquim Mir.

El artista desplegó toda una combinación de colores imposibles fruto de su interpretación personal de la naturaleza majestuosa. Las pinceladas se alargaron y se convirtieron en manchas que casi hacían desparecer los objetos y los referentes espaciales. Toda su vida la puso al servicio de la pintura y de la naturaleza que le rodeaba, con una pasión tan desbordante que le llevaba a arriesgarla por una tener una mejor vista desde un precipicio, o a no descansar suficiente por pasarse el día pintando.

"La cueva del Malloz". Joaquim Mir

“La cueva del Malloz”. Joaquim Mir

“(…)pinto en un sitio (escribe en una carta a Rusiñol) por el que sólo paso yo y alguna bestia inconsciente. El paso, en el que sólo caben, justo, los pies, es un terraplén de rocas resbaladizas que van a parar directamente al mar. Si me fallasen los pies y resbalara no creo que volviera a hablarse de mí en el mundo de los vivos. Pero cuando se está allí, Santiago, ¡Qué espectáculo! A la derecha, la cala de san Vicente, a la puesta de sol roja, del color del fuego. El mar, azul cobalto, refleja aquellas rocas encendidas y queda también rojo como la sangre. A la izquierda los contrafuertes del Castillo del Rey, a contraluz, grises a la sombra. En aquel lado, el agua toma tonos de plata. Añade los morados de las algas del fondo y el de las higueras silvestres que penden hasta tocar el agua y ¡Qué cosa, Santiago! ¡Qué locura de colores!¡Están todos! Todos los de la paleta…”

"La cala encantada". Joaquim Mir.

“La cala encantada”. Joaquim Mir.

La pintura de Mir en Mallorca ha sido definida como paisajismo musical, wagneriano. Con su pincelada, larga, ancha y vertical, a veces puntillista, y la luz que iluminaba la oscuridad de las paredes de las cuevas, o los colores cambiantes de un mar efervescente en unos cuadros grandes, sin demasiado horizontes, sin figura humana, sin objetos, sólo la naturaleza en todo su esplendor. Unamuno dijo que Mir era “el poeta de la luz de Mallorca”.

"La roca del estanque". Joaquim Mir

“La roca del estanque”. Joaquim Mir

Durante aquellos años en que vivió en los salvajes parajes de Mallorca también hubo breves periodos urbanos en los que expuso los cuadros que iba pintando, y su cambio pictórico creó una notable sorpresa en los ambientes intelectuales. Entonces inició dos grandes conjuntos decorativos: los murales de la Casa Trinxet de Barcelona, propiedad de su tío Avelino Trinxet, y tres grandes cuadros para el comedor del Gran Hotel de Palma.

"Cueva". Joaquim Mir. Uno de los cuadros del Gran Hotel de Palma

“Cueva”. Joaquim Mir. Uno de los cuadros del Gran Hotel de Palma

Pero la estancia en Mallorca acabó mal, con un lamentable accidente mientras pintaba en un acantilado de la pequeña aldea de Sa Calobra donde vivía. Josep Pla insinúa que en el fondo hubo un asunto de faldas, pero nadie lo ha aclarado. El 26 de abril de 1904, Miguel Sarmiento, periodista de La Tribuna, escribía: Lamento el percance pero la noticia leída ayer no me ha sorprendido … Conozco a  Mir y conozco los lugares de Mallorca donde Mir ha estado cerca de dos años pintando en plena vida salvaje… Tres meses hizo equilibrios sobre el mar encima de una roca altísima donde no tenía espacio ni para encender una pipa en los momentos de descanso. En uno de estos equilibrios ha perdido pie y se despeñó. Lo han recogido sin conocimiento herido gravemente…

"Costa de Mallorca". Joaquim Mir

“Costa de Mallorca”. Joaquim Mir

Joaquim Mir con su entusiasmo desatado por la pintura había perdido el juicio y fue ingresado por “desórdenes nerviosos severos” en el “Sanatorio Mental Pere Mata” de Reus. Estuvo dos años encerrado en el psiquiátrico, después de los cuales y recuperado de su enfermedad, en 1907 se instala con sus padres en Tarragona y en las poblaciones de L’Aleixar y Maspujols inspira muchos de sus paisajes. Volvía a pintar con una gran riqueza de matices pero sin la teatralidad de su obra mallorquina, aspecto que, según Pla, le hizo ganar calidad y personalidad. Muerto su padre en 1914 se traslada con su madre y hermanas primero a Mollet del Vallés entre 1913 a 1919, y luego a Caldes de Montbui de 1919 a 1921.

"El espejo de la iglesia". Joaquim MIr

“El espejo de la iglesia”. Joaquim MIr

En 1921 se casó con María Estalella, de Vilanova i la Geltrú, donde se instalaron en 1922 en la que sería su definitivo hogar. La liquidación amistosa del contrato que le unía con el tío Trinxet le proporcionó un incremento de sus ingresos que le permitió construir un universo a su medida, en una casa grande, con una biblioteca donde se reunía la flor y nata de la intelectualidad. La casa tenía jardín, un huerto con gallinas e incluso un burro que servía de transporte en las muchas salidas que hacía con la familia y los discípulos, para ir a hacer campañas como él llamaba a las sesiones de pintura.

"La joya de Aleixar". Joaquim Mir.

“La joya de Aleixar”. Joaquim Mir.

Allí apreció un nuevo paisaje, suave, luminoso, cercano y muy diverso que reflejó fielmente en sus cuadros, recuperando la profundidad, la perspectiva, el horizonte. Desde entonces  pintó las casas, las iglesias, los huertos, la gente, los almendros floridos, los corrales… Temas intrascendentes que cada vez se ajustan más a la realidad de la naturaleza, puesto que ya sólo querían reflejar su amor por su tierra y su búsqueda constante de los cambios de la luz. Su estilo ya no será tan expresivo como el de Mallorca, aunque sí que perdura el uso atrevido del color y de la mancha. Sus paisajes serán cada vez más monumentales, pero menos poéticos.

"Aleixar". Joaquim Mir

“Aleixar”. Joaquim Mir

En todos los lugares donde vivió, Joaquim Mir llegó a ser un personaje local, popular, conocido y amado, pues nunca perdió la simpatía con que fue conocido en sus tiempos de viajante de bisutería. Su obra siempre fue apreciada, valorada y admirada, todavía hoy, por su luminosidad, sus colores, su destreza y su maestría. Durante estos años le llegará el reconocimiento oficial en Cataluña y en Madrid con distintos galardones y también la admiración internacional al exponer en Londres, París, Buenos Aires o Venecia.

"El valle rojo". Joaquim Mir.

“El valle rojo”. Joaquim Mir.

Con la Guerra Civil, cuando no pudo salir de Vilanova, el tema se limitó a las calles de este pueblo y de manera especial a su casa y a su jardín poblado de flores y de animales domésticos. Un incidente en los primeros días de la posguerra le hizo pasar unos días en prisión resintiéndose de una enfermedad renal que padecía y que le llevaría a la muerte.

"Montserrat". Joaquim Mir, 1931

“Montserrat”. Joaquim Mir, 1931

Mir murió en Barcelona el 27 de abril de 1940 pero fue enterrado, como él quería, a la sombra de un árbol donde vengan a cantar los pájaros.

Joaquin Mir en su estudio en 1904.

Joaquin Mir en su estudio en 1904.

Textos extraídos de varias fuentes, en especial del libro “Josep Pla Obra completa”. -Volumén Santiago Rusiñol i el seu temps (Tres artistes, Manolo, Rossinyol, Mir). Ed. Destino. Barcelona 1970- pero también de Wikipedia, algargosarte y artiartistes

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