El último renacentista

Pietro Annigoni (1910 – 1988)

Vuelve elDibujante al rescate del olvido y de la reclusión en museos de uno de los mejores dibujantes y pintores de la cuna del clasicismo, injustamente tratado en su tiempo y relegado a meras funciones retratísticas o decoradoras de iglesias. Hablamos hoy del maestro Pietro Annigoni, un milanés enamorado de Florencia que tuvo una personalidad tan profunda que condicionó sus pinturas no solo en su temática y su visión personal, sino en la investigación sobre la técnica que realizó a lo largo de su vida y en los procesos pictóricos que puso en práctica. Y sin embargo si durante su vida fue conocido y alcanzó la fama, fue gracias a los retratos de reyes, reinas, presidentes y maharashis que realizó, por lo que se le conocía entre los pintores como ‘el pintor de reyes’, algo claramente injusto, que ya sabemos la sorna y mala uva que gastamos en el gremio premiando a nuestros colegas con adjetivos tan ilustres e ilustrativos.

Pietro nación en Milán el 7 de Junio de 1910, era el segundo de tres hermanos, hijos de un reconocido ingeniero y de una norteamericana de San Francisco. Caundo contaba con 15 años ya vivía en Florencia, ciudad que encargó a su padre crear la red telefónica automática, y a la que asistió a las Escuelas Escolapias graduándose con un diploma de estudios clásicos. Allí conoció y se hizo muy amigo de Riccardo Noferi, destinado a convertirse en su secretario y confidente.  A su regreso a Milán en 1928, Pedro, que había demostrado aptitudes excepcionales para el dibujo y había asistido a la Escuela Libre del Desnudo, obtuvo el consentimiento de su padre para permanecer en Florencia e intentar acceder a la Academia de Bellas Artes, donde se graduó en pintura con el profesor Felice Carena, escultura con Giuseppe Graziosi y grabado con Celestino Celestino. Estos años fueron muy importantes en la formación de su personalidad. En ese momento era un joven muy inquieto, dominado por la ansiedad de saber qué va a hacer en el futuro, pero afortunadamente terminó encauzándola hasta conseguir ser un hombre de vasta cultura.

En aquel tiempo nacen sus amistades más duraderas e importantes, tales como las que mantuvo con el escultor Mario Parri, con Renzo Simi, con el historiador Charles de Francovich, con el futuro Superintendente de Bellas Artes de Trento, Nicholas Rasmo, con los príncipes Thomas y Elena Corsini , con Conti Venerosi Pesciolini, con Adolf Koshland…

También aquel año de 1928 en el estudio de su amigo Mario Parri, Pedro conoce a Anna Maggini, entonces una estudiante del Conservatorio Luigi Cherubini, con quien se casó en 1937. La relación con Anna, en base a ideales comunes, fue siempre muy intensa, pero también conflictiva, lo que se traducirá en 1954 en una separación de mutuo acuerdo. Anna seguirá siendo un punto de referencia para él, como demuestran las páginas de la “Agenda” dedicadas a ella en el momento de su muerte en 1969. De su matrimonio con Anna nacieron dos hijos, Benedicto, en 1939, y María Ricciarda, en 1948, con la que Pedro, a pesar de las vicisitudes de la familia y de las largas ausencias, construirá una relación especial, tanto que, en su testamento. Benedicto describe a su hermana como la persona más cercana a su padre “en su historia como hombre y como artista.”

En 1930 expuso por primera vez en Florencia en una exposición colectiva. Dos años más tarde lo hizo con gran éxito en su primera exposición individual en la galería en el Palacio Ferroni Bellini. En 1932, Hugh Ojetti le dedica un artículo memorable en la tercera página del Corriere della Sera. También en 1932 ganó el premio “Trentacoste.” Expuso en Milán con gran aceptación de público y crítica en 1936. Continuó siempre con su pasión por viajar y visitar muchos países europeos, incluyendo Alemania, donde siempre estuvo especialmente interesado en  la pintura del Renacimiento del norte de Europa. La serie de gouaches  grasos realizados durante la serie de viajes y paseos por el campo, demuestra un talento poco común en la captura de los aspecto más profundos de la naturaleza, que interpreta con una sensibilidad extrema, casi nunca separados de la presencia humana.

Ideológicamente Pietro es un anticoformista, un liberal, opuesto a cualquier forma de totalitarismo, tanto que tras cada una de su participaciones directas en política no se sentirá decepcionado cuando se rompan los compromisos, pero sí lo estará por el rigor moral que acompañó el retorno de la democracia. En el mismo período y por razones similares, se consumará la ruptura de Annigoni con el mundo de la cultura oficial, en la que hasta entonces había sido participativo y protagonista, como en 1947 cuando firmó, junto con Gregory Sciltian, Javier y Antonio Bueno, Alfredo Serri y otros El Manifiesto, “Pintores Modernos de la Realidad”. Con esta declaración, el grupo estaba en frontal enfrentamiento con las diversas corrientes de la pintura informal y abstracta en esos años, pero sólo Annigoni será constante hasta el final sin dudarlo, y continuará su solitaria batalla en defensa del arte figurativo.

A pesar del desarrollo emocional y cultural de aquellos años, será sólo entre 1945 y 1950 que Annigoni realizará algunas de sus obras clave que pronto se harán famosas en todas partes. Es en este concepto de servicio y responsabilidad extendida al mundo del arte que encierra la clave interpretativa del testimonio de Anigonini  para la formación espontánea en torno a él de  su “bodega”, una verdadera escuela de estilo renacentista, totalmente gratis, libremente frecuentada por artistas muy diferentes entre sí y también distantes de las corrientes actuales establecidas, como Luciano Guarnieri, Marcello Tommasi, Stefanelli Romano. Nelso H. Blanco, Fernando Berardini, Timoteo Widborne , Silvestre Pistolesi ,  Dawn Cookso, Antoio Ciccone, Ben Long, Douglas Anderson, Luigi Falai  y muchos otros.

En 1949, la Comisión de la Royal Academy de Londres accede a exponer algunas de sus obras y ese es el comienzo de un éxito que se convertirá en global. En Londres expone muchas veces: En Wildenstein (1950, 1954), Agnew (1952-1956), en la Federación de Artistas Británicos (1961), en las galerías de Grosvenor High (1966), además de la continua participación en las exposiciones de la Royal Academy. Otras exposiciones importantes en el mismo período son los de la Galería de Bellas Artes (París 1953), de Wildenstein (Nueva York 1957-1958), el Museo de Brooklyn (Nueva York 1961), el California Palace de la Legión de Honor (San Francisco, 1969), etc.

Entre sus exposiciones individuales celebradas en Italia son de especial importancia las de Turín, Roma, Florencia, Verona, Brescia, Montecatini Terme, Bergamo, Rovereto y, por el enorme éxito que tuvo en Milán, la Galería Cortina (1968), y la Galería  Levi (1971).
Nunca se ha extinguido en el curso de  de toda su vida la pasión y casi la necesidad de los viajes que tienen lugar permanentemente de un extremo a otro del mundo (India, Sudáfrica, Irán, México, América del Sur ) en busca de emociones, de las culturas, de variados paisajes que capta con una habilidad excepcional para sintetizar en sus bocetos y dibujos, no menos que en las líneas de su “Diario”, pues no difieren sus cualidades especiales como escritor o pintor.

Durante un viaje a bordo de la embarcación ‘Rafael’, en 1966, conoció a Rossella Segreto y desde entonces nunca se separaron, aunque solo se casaron en 1977. Annigoni encontró en ella un valioso apoyo que le sigue junto con Ugo Ugolini y los estudiantes de su escuela en los últimos años, a los trabajos de pintura al fresco que realiza en diversas iglesias.

Posaron para él en los personajes más famosos del siglo XX. La revista “Time” le dedicó siete portadas. Los retratos de la familia real inglesa se encuentran entre los más conocidos. El último retrato pintado es el de Rossella Segreto.  Y de hecho los años junto a ella, desde 1966 a 1988, son los de las producciones artísticas más significativas del maestro. Una simpática anécdota se refiere al retrato que hizo a Jhon F. Kennedy para la portada de la revista Time. En realidad es un retrato funesto, quizá su peor obra, Annigoni lo sabía y se reía de ello “Es que ése hombre no tenía tiempo para posar para mí y no paraba quieto“, decía, lo que demuestra que a pesar de haberse codeado con las personas más importantes del mundo en su tiempo, él mantuvo siempre su humildad y guardó una distancia con los poderosos que provocaba que ellos les tuvieran un respeto especial: “Ofrezcan mis excusas al genio italiano -ordenó el presidente americano- y digánle que su obra será recordada durante más tiempo que la mía“.

Sus obras se exhiben en importantes museos de todo el mundo, incluyendo la Galería de los Uffizi, la Galería de Arte Moderno del Palacio Pitti en Florencia El Museo Metropolitano de Arte de Nueva York, la Colección Real del Castillo de Windsor y la National Portrait Gallery de Londres y los Museos Vaticanos. Sus grandes composiciones alegóricas (la Cinciarda, el Sermón de la Montaña, la lección, la vida, la soledad, el Palladium, provocan reacciones que han atraído a personas de cualquier lugar y que van desde la admiración hasta el fanatismo, o por el contrario desde la animadversión hasta el repudio más exasperado.

Hombre de enorme carisma y gran artista, nacido en un siglo de grandes revoluciones y protestas, sus habilidades técnicas son únicas, lo que le permitió construir gigantescas obras repletas de pequeñas incisiones. Conscientemente quiso dedicar su trabajo a la defensa de la idea del hombre como centro de la naturaleza. Sus frescos en el convento de San Marco en Florencia, en la iglesia de San Michele Arcangelo en Buggianese puente, la abadía de Monte Cassino, en la Iglesia de Santo en Padua, sede de la Fundación Stillman a Wetherfield, Conecticut, EE.UU., en gran parte inspirados en temas religiosos, reproducen la gran tradición de un renacimiento moderno, revelando ideas y capacidades que son propiedad exclusiva de los hombres superiores.  Bernard Berenson escribió de él  “Annigoni, no sólo es el más grande pintor de este siglo, sino que también es capaz de competir con los más grandes artistas de todos los tiempos y permanecerá en la historia  del arte como el mayor contestatario de una época oscura “.

Entre los muchos honores y académicos que se atribuyeron a Annigoni en Italia y en el extranjero, hay que citar el de Caballero de la Gran Cruz del Mérito de la República Italiana y la Orden Civil de Caballero de Saboya.

Después de una larga enfermedad, durante la cual tuvo el consuelo del amor de su esposa Rossella y los hijos de María Ricciarda y amigos más cercanos, Peter Annigoni murió el 28 de octubre 1988 en Florencia, donde está enterrado en el cementerio de la Puerta Santa.

Textos de Juan Muro extraídos de varias fuentes, sobre todo de Giovanni Costetti, Hugo Ojetti, Ramat Raffaele y Giorgio de Chiricco.

En la Villa Bardini de Florencia se encuentra el Museo dedicado a Pietro Annigoni:

 

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