El paisaje que surgió del frío

Jaume Morera y Galicia (1890 y 1891)

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“Valle de Chozas”. Guadarrama. Carbón sobre papel. 58×91 cms.

Cuando en España y fuera de ella aún no se reconocía al paisaje como un género pictórico plenamente integrado en nuestra tradición artística, un pintor catalán, alumno y amigo del gran Carlos de Haes, se adentró durante varios inviernos en las nieves de la Sierra de Guadarrama de Madrid y sacó de ella unos bellísimos e impresionantes cuadros que supusieron situar al paisaje de alta montaña como uno de los referentes identificativos del nuevo paisajismo español.

Esta es la historia de  dos ‘años de pintura entre nieves’ que llevaron a Jaume Morera a realizar, entre las más duras condiciones que podamos imaginar, una de las más bellas colecciones de cuadros sobre paisajes nevados de la pintura en España.

 

 

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Carbonera en la Sierra del Guadarrama. Oleo sobre tela. 40 x 100 cms.

Jaume nació en 1854 en Lleida, en el seno de una familia de propietarios rurales originaria de Santa Coloma de Queral (Tarragona). Sus padres, Jaume Morera i Jové y María Galicia i Anagueras, tuvieron una gran prole que en el futuro sería más que importante en el renacimiento cultural de Lleida, en especial si hablamos del primogénito, Magí, un año mayor que Jaume.

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Estudio de la Fuente del Cura. Oleo sobre tela. 61,5 x 103,5 cms.

Jaume tuvo una muy pronta tendencia hacia el arte, y ya destacaba en la clase de dibujo del Instituto, bajo el mando del profesor Federico Trías, así que pronto su provinciana ciudad se le quedó pequeña y siguió los pasos de su hermano mayor que se había trasladado a Madrid.

Leñadoras

Leñadoras. Oleo sobre tela. 82 x 142 cms.

Allí la primera noticia que tenemos de él es como copista en el Museo del Prado, pero pronto le encontraremos muy vinculado a las maneras y tendencias artísticas de Carlos de Haes, que será su maestro e introductor en el paisajismo. Me encanta cómo él mismo describe muchos años después (y equivocándose de fecha) su encuentro con Haes:

El pintor y su guía

El pintor y su guía. Oleo sobre tela. 64 x 83 cms.

“Quiso la suerte que a mi llegada a Madrid le conociera. Fue el año 1874, era yo casi un niño, y desde entonces mi vida se ligó inmediatamente a la suya, porque dominado por su preclaro talento y sereno juicio todo mi ser, formose como artista a la par que como hombre, siendo a la vez solícito maestro, amigo cariñoso y consejero irreemplazable, infiltrándome viril energía en las tristes horas del desaliento, y compartiendo mis penas y mis alegrías. Tenía su estudio en la Calle de San Quintín, y, a pesar de los años que van transcurridos, la impresión de adoración que sentí al admirar allí sus obras repercute todavía en mi memoria, despertando sensaciones llenas de vida, algo que solo se siente y no tiene nombre, mezcla de admiración y de entusiasmo, impulsos, aspiraciones y deseos que no se concretan, pero que en mi juventud iluminaba entonces con los dorados y brillantes reflejos de las primeras esperanzas y las más gratas ilusiones. Recuerdo, como si de un hecho de ayer se tratara ,los más minuciosos detalles de aquella, para mí, memorable entrevista, mi actitud encogida, como temerosa, casi cobarde, y las bondadosas frases con que me alentó el que había de ser muy luego mi amigo del alma”.

Picos de Najarra. Guadarrama. Oleo sobre tela. 62 x 102 cms.

Y es cierto que la relación con Carlos de Haes fue tan intensa en lo personal y en lo artístico que se hace difícil entender la obra de Jaume Morera sin referirse constantemente al credo artístico y a la técnica y maneras aprendidas de Haes, y hasta podemos decir que Morera fue el principal continuador de la labor de Haes, tanto  en relación a la fidelidad estética como a las tesis defendidas por Haes, que siempre mantuvo como propias y que hasta llegaron a frenarle en su propia evolución pictórica.

 

Fuente de Miraflores

Fuente de Miraflores. Oleo sobre tela. 62 x 102 cms.

Una de esas tesis, era la reivindicación del paisajismo como producto de la observación directa del natural, y así Moreras se inició en el paisajismo a través de las salidas que se hacían en la clase de Haes de la Escuela de Bellas Artes de San Fernando al Monte del Pardo, y más tarde a los viajes estivales que realizaba el maestro.

Guadarrama

Guadarrama. Oleo sobre tela. 42 x 72 cms.

Aunque Jaume Moreras no es el primer pintor que describe la Sierra de Guadarrama, sí será su trabajo el que proporcionaría un referente indiscutible no solo a nivel nacional, sino también fuera de España, gracias, sobre todo a las Exposiciones Nacionales de 1897, 1901 y 1904, y también porque el pintor publicó un libro en el año 1927 llamado “En la Sierra de Guadarrama. Divagaciones y recuerdos de unos años de pìntura entre nieves”

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Guadarrama. Oleo sobre tela. 62 x 103 cms.

Entre 1890 y 1892, Moreras se interesa por la agreste y durísima Sierra de Guadarrama y realiza unas camapañas pictóricas cuyo resultados representan el periodo más personal de la obra del pintor. El inetrés geográfico y paisajístico por la sierra fue promovido por el círculo de intelectuales agrupado en torno a la Institución Libre de Enseñanza, cuya corriente pedagógica pretendía así, de acuerdo al espíritu de Rousseau, que la juventud madrileña recobrara su vinculación con el medio natural., además de añadirle un sentido ético y estético a la serranía de la capital, por lo que en 1886 se había creado la Sociedad para el estudio del Guadarrama, donde se organizaban excursiones científicas interdisciplinarias de geógrafos, artistas y literatos.

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Guadarrama. Oleo sobre tela. 62 x 97 cms.

La sierra devino también para estos intelectuales en emblema de un determinado espíritu de nación, pues ya había sido interpretada magistralmente por Velázquez, pero fue Beruete, antes de Morera, el primero que comenzó a retratar sus paisajes. Pero la sierra seguía siendo esa gran desconocida para los madrileños y la crítica solo toma conciencia de ello cuando en la exposición Nacional de 1897 Marera expone 23 cuadros temáticos sobre la Sierra de Guadarrama.

Cabeza de Hierro. Guadarrama. Oleo sobre tela. 61 x 100 cms.

En este aspecto, sin embargo, para decir verdad, el paisaje español, que fuera del romanticismo de Pérez Villamil, llega a España de la mano de Carlos de Haes, el maestro y amigo de Moreras, aún mantiene algunas, pocas, reminiscencias románticas, de las que estos dos pintores no han conseguido deshacerse y que se demuestran en su forma de trabajar, pero también en su actitud, en la sensibilidad subjetiva, en el panteísmo y hasta en la personalización del paisaje. Pero hubo un pintor que vio antes que ninguno la manera de hacer paisaje naturalista, y no quiero dejar de nombrarlo: Nos cuenta Martín Rico, que durante su periodo de formación, abandonó las clases del romántico Pérez Villamil, en gran medida, influido por  Vicente Cuadradoun hombre muy original y muy de Madrid, de la calle Toledo, le gustaban mucho los barrios bajos” quien fue realmente el que con sus intuiciones hacia la pintura paisajista de tipo naturalista, le marcó los nuevos derroteros a seguir “Pues bien, ese fue el primero que lo vio claro, nos mostró unos estudios que había hecho en El Escorial y nos sorprendió porque era enteramente opuesto a lo que hacíamos. Era una pintura de lo más sincera y sencilla que se puede hacer y en la cual ya estaba marcado el camino que debíamos seguir. ¿Dónde había aprendido aquello?¿Cómo pudo ver tan justo no habiendo salido de Madrid y sus alrededores? Ese es el genio, el que en medio de los errores que le rodean ve como son las cosas de verdad. Lástima que muriera joven”

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Jaume Moreras i Galicia. 1891. Sierra del Guadarrama.

 

 

 

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