El paisaje imposible

Antonio Muñoz Degrain

“Recuerdos de Granada”

Antonio Muñoz Degrain. “Recuerdos de Granada.” Oleo Sobre Lienzo. 97 x 144,5 cms. 1881.

Óleo sobre lienzo 97 cm x 144,5 cm. 1881

“Una tormenta cae torrencialmente sobre uno de los espacios más pintorescos de la ciudad granadina, donde el río Darro discurre junto a la calle que sube al barrio del Generalife…” Así comienza la descripción que de este bello cuadro se hace en la web del Museo del Prado, pero nostros podríamos continuar diciendo: ¡Y tanto! es tan pintoresco este espacio, tanto, tanto…que no existe.

Don Antoñito, como le llamaba cariñosamente Sorolla, era un tipo peculiar, bonachón, gordete y bajito, muy listo y extremadamente cariñoso y entrañable. Había nacido en Valencia, pero pasó la mayor parte de su vida en Madrid. Era un pintor autodidacta, pues aunque estudió en la Escuela de Bellas Artes de San Carlos, en Valencia, lo hizo tras abandonar sus estudios de Arquitectura y, la verdad, ya no tenía ganas de aguantar a maestro alguno, por muy académicos (o además de ello) que fueran.

Los críticos decían de él que era un pintor ecléctico, una palabra que como nadie sabe lo que significa, pues queda estupenda. En realidad lo que sucede con él es que su estilo es romántico, pero también modernista, y a éso se refieren con ese palabro tan cursi: quieren decir que puede reunir en su obra características muy diferentes.

A mí, como a cualquier pintor, me encanta Granada, y siempre he andado buscando este rincón, por la zona del fondo del Paseo de Los Tristes, siguiendo el curso del rio Darro, pero nada, no lo he encontrado. Sí que hay edificios y elementos del cuadro que se pueden reconocer, el palacio renacentista del Castril a la izquierda; La torre cuadrada que se adivina tras los cipreses recuerda a la de los Picos que se yergue sobre la cuesta de los Chinos… pero no están dispuestos como en esta obra. Y ello quizá importe poco. Muñoz Degrain la llamó “Recuerdo de Granada”, aunque no siempre los autores son dueños del nombre de la obra (y a veces ni siquiera de la misma obra), que adquiere personalidad propia y luego se la llama “Chubasco sobre Granada” por la que está cayendo: en pocos cuadros puede verse la lluvia tan nítidamente y caer con tantas ganas que rebosa desde los tejados, rebota en las barandillas, se derrama por las bocas de las gárgolas o las bajantes, cruza en rayas cinéticas el espacio delante de la imagen, o rebota con fuerza en las losas empapadas del suelo de la plazuela. Por éso, como siempre, para que podáis apreciarla, os la dejo en alta definición, que es una gozada.

El lirismo y la melancolía que desprenden este cuadro siempre me trasladan a la situación mental del silencio bullicioso en la ciudad. Momentos en los que la calle desierta, solo llena por la lluvia, se hace dueña de los sonidos del agua y de tu soledad, y te deja meciéndote en la luz tornasolada del atardecer que preludia la noche, de ahí el farolillo encendido en la esquina del oscuro callejón.

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