El dibujo actual en la Academia Rusa

 Nikolay Blokhin

Hoy elDibujante os presenta a uno de los mejores dibujantes de la actualidad, un artista cuyos dibujos impresionan y motivan tanto que permanecen en nuestra memoria largo tiempo. Hablamos de alguien que domina la técnica del lápiz, el carbón y la acuarela con un soltura prodigiosa, pero que al tiempo es capaz de plasmar el instante de movimiento, la mirada expresiva, o la composición de la imagen, de manera que el mensaje se transmite directamente a nuestra alma sin pararse en nuestro cerebro.

 

Se veía venir que Nikolai Blokhin iba a ser un gran artista. Nació en San Petesburgo el 22 de Mayo de 1968 y desde muy niño sus dotes para el dibujo dejaban estupefactos a todos cuantos tenían la suerte de contemplarlos. Con doce años comenzó los cursos especiales que la Academia de Bellas Artes de San Petesburgo en el “Instituto de Pintura, Escultura y Arquitectura IE Repin” organiza para niños superdotados (sí, los rusos tienen esas cosas, qué envidia, ¿no?)  donde estuvo en 1980, 81 y 82 y hasta entre ellos destacaba. Así que pronto los mejores profesores pusieron sus atentos ojos sobre esta promesa y le tutelaron en su complejo proceso de aprendizaje.

 

Este Instituo Estatal de Pintura Escultura y Arquitectura que lleva el nombre del maestro Ilia Efimovich Repin, de quien elDibujante se ha ocupado en otras ocasiones, está íntimamente ligado a la Academia de Bellas Artes de San Petesburgo y es el principal heredero de la tradición pictórica rusa desde la Academia Imperial Rusa, y también el más importante custodio del dibujo clásico que desarrollaron los grandes maestros que han pasado por sus cátedras, tales como AP Losenko, K.P Bryullov, A. A. Ivanov a I.E. Repin, Vrubel MA, y V. A. Serov, F. A. Malyavin, N.I. Feshin, B.D. Grigoriev, A.E. Yakovlev, V.I. Shukhaev, K.S. Petrov, o los maestros de la época soviética  EE Moiseyenko y AA Mylnikov. A todos ellos en grupo nos referiremos más tarde porque ellos fueron quienes elevaron el nivel del dibujo hasta sus más altas cotas, pero ahora nos encontramos con un dibujante excepcional, Blokhin, que presenta influencias que nos recuerdan no solo a sus antecesores ya nombrados, sino a Goya, Velázquez, Durero o Rembrandt.

 

Los siguientes 10 años el joven Nikolai permaneció ligado al Instituto Repin desarrollando un talento que se fraguaba con la práctica del dibujo clásico en el que su virtuosismo es patente y desgraciadamente una rareza en nuestros días. Hasta que por fin se gradúa en 1995. A partir de entonces comienza sus estudios de poostgrado bajo la dirección del profesor  V.I. Reihet que duran cuatro años más y al año siguiente, en el 2000, le hacen miembro de la Russian Artists Union.

 

El dibujo ocupa un lugar único entre las Bellas Artes. aunque a menudo desempeña un papel inferior, como proyecto sobre el cual basar la pintura o la escultura. Es por esto que se enseña en el comienzo de la educación del arte y es tratado como un “instrumento”.  En ocasiones el dibujo puede ser visto como limitado en sus cualidades expresivas pues es relativamente menos espectacular como forma de arte que La Pintura, pero sin duda es uno de los mejores métodos de expresión y forma entendimiento. Sin embargo, la fragilidad del material y la atención específica del almacenamiento necesario restringen el círculo de coleccionistas. Todo esto junto ha dado lugar a que un menor número de artistas elijan el dibujo como la forma de arte en la que basar su carrera.

 

Pero con el dibujo se expresa la personalidad del artista de la manera más inmediata y se pone de relieve de una forma distinta a las demás artes las cualidades específicas del carácter, la psicología, la visión del mundo y el estilo único de cada artista. Le da a cada uno la oportunidad de trabajar con especial facilidad y rapidez, conserva la espontaneidad que permite a la mano del artista seguir el ritmo interno de su pensamiento, el sentimiento y la sensación. Una relación única la de la forma y el plano del papel en un dibujo, uniendo al tiempo la mayor simplicidad y la mayor complejidad de todos los métodos expresivos, la unidad de la tríada (el arte, el decorativismo y la expresividad) nos dará la oportunidad de aprovechar el siempre cambiante estado de evolución de la forma, expresando los matices más sutiles de las emociones. En un dibujo convergen “el temperamento individual del artista y el estado de ánimo de toda una época. “

 

Los primeros éxitos de Blokhin lo fueron en la pintura de retratos. Un género en el que un artista depende del modelo, donde el espacio para la experimentación es muy limitado –o de lo contrario el retrato ya no es un retrato-. En el retrato el artista se encuentra atrapado en la tradición humanista clásica, según la cual un ser humano se considera una creación integral, es decir, sus características individuales pueden revelar la esencia fundamental de su personalidad con toda la complejidad de su psique y su biografía. Los retratos de Blokhin están evidentemente influenciados por los impresionistas en cuanto a su aspiración de atrapar la condición casual y fugaz  o el estado de ánimo de un modelo, lo que produce un efecto de naturalidad y de frescura en su primera impresión. “Yo trato de penetrar en la persona y capturar su alma en el lienzo”, explica Blokhin. “Los ojos y la forma en que miran son la parte más importante del retrato en las personas “. Pero al mismo tiempo Blokhin estructura su trabajo como una unidad inseparable entre la imagen plástica del retratado y el fondo. Así sus retratos mantienen el equilibrio entre lo real y lo convencional, entre lo gráfico y lo decorativo, consiguiendo un equilibrio que solo se encuentra en el arte moderno.

 

Los problemas en la elaboración de un dibujo se resolvieron, a lo largo de su desarrollo histórico, desde el Renacimiento hasta principios del siglo XX -el estudio de la relación entre el hombre y el mundo, la inclusión de un dibujo en un determinado medio ambiente y la consiguiente solución para el problema de representar el espacio, la luz, la relación entre los sujetos, la percepción de la belleza estética propia del dibujo, la creación de dibujos narrativos o aquellos meramente artísticos y de vanguardia- porque en primer lugar, el artista quería construir una relación con el tema, con la forma real, incluso si el sujeto del dibujo era imaginado.

 

El siglo XX trajo consigo cambios radicales debido a tres factores. Primero la relación con el mundo se basaba ahora en el intelecto puro y en el intento supremo de llegar a la esencia de lo dibujado. Llegar a todos límites posibles de comprensión más allá de las leyes estructurales de representación, o del estudio del dibujo como una asignatura. Segundo, la popularización de la fotografía hace que el ciudadano identifique el dibujo realista con la imagen fotográfica, como si la foto pudiera captar la esencia interior e intemporal, más allá del instante de exposición. Y tercero, la aparición de la tecnología digital difunde la manipulación técnica de la imagen, lo que nos aleja del entorno académico de la enseñanza del dibujo clásico. Pero pese a ello, en Rusia durante el siglo XX el dibujo tradicional continuó su evolución en diversas formas, no como un anacronismo ni como un accidente. El desarrollo de la técnica de dibujo seguía las mismas leyes fundamentales que dominaron el pensamiento del siglo XX, la fría racionalidad, el intelectualismo y el cientifismo más puros, pero con el paso del tiempo surgió el deseo de volver a otras más humanas experiencias emocionales y artísticas en el dibujo. Y fueron los ya nombrados maestros rusos quienes manteniendo sus enseñanzas clásicas sin grandes variaciones y sin dejar de profundizar en los objetivos que nos habían marcado los antiguos maestros, lograron que el dibujo clásico mantuviera su importancia como arte independiente.

 

El arte de los maestros de la escuela clásica rusa subió el listón de la calidad en el dibujo extraordinariamente. La profundidad y la complejidad de la forma artística y de los significados construidos en las imágenes a través de múltiples capas era tan perfecta, que comparar las capacidades de un dibujante no específicamente educado con el nivel de un artista conseguido en la escuela académica es simplemente imposible. Para Blokhin, sumergirse en el sistema de dibujo del arte clásico se convirtió desde niño en una parte de sí mismo, y elaborarlo para él es muy natural, porque no debemos olvidar que este fue un proceso educativo que duró diez años de duro trabajo en la que los maestros más exigentes le inculcan una auténtica reverencia a la elaboración compleja de las imágenes.

 

Esa reverencia a la elaboración se manifiesta muy temprana, y se expone en su totalidad en los títulos de su trabajo Maslennitsa (Carnaval) (1995), una celebración tradicional rusa de finales del invierno de la que luego hablaremos. Si bien el ser el proyecto final de sus estudios hizo que no sobrepasara los límites de trabajo de un estudiante, los dibujos de “Maslennitsa” son, sin duda, la obra de un maestro maduro. Sin embargo por un lado los dibujos llevan todos los detalles del croquis necesarios para componer la imagen, pero también son retratos de personajes completos, donde se encuentra y se plantea un modelo estético y se puede adivinar el desenlace de la situación vital concreta. Sin embargo, las posiciones y los ángulos de los dibujos de Blokhin son complicados hasta el punto de parecer salir de una especial puesta en escena y la atención a todos los detalles recuerda a un estudio. Pero estos dibujos son mucho más que bocetos y estudios, porque es evidente que hay imágenes completamente desarrolladas como arte final.

 

Muchos de los caracteres retratados son personajes arquetípicos, de características inmutables de Rusia, cuya energía e intensidad son un regalo para el artista. Los propios dibujos son muy libres, totalmente dinámicos, con un ritmo complejo en sus facturas y matices, desde las líneas agresivas, gruesas, hasta el sombreado más complejo, ejecutados con gusto y precisión, muy sutiles, tiernos… Desde las líneas que transmiten sin fallo los contornos hasta la sensación de diferentes texturas de materiales. En los dibujos, el exquisito detalle se combina con lo inacabado, con espacios vacíos y esbozos de formas, que les dan un ritmo vigoroso. Inmediatamente se detecta un culto por la forma artística, una estética autosuficiente, que no pierde la complejidad de los caracteres y sus características psicológicas, capturados básicamente a través de las expresiones de las caras. Esta es una tarea que solo puede abordar un artista que disfruta de su trabajo, combinando diferentes procesos y sintetizando ideas distintas sobre el dibujo académico.

 

Antes incluso del final de sus estudios, un tema recurrente en los dibujos de Blokhin es la Maslennitsa a la que antes nos referíamos, el Carnaval, la alegría misma, la más desenfrenada de las fiestas rusas, la celebración verdaderamente comunal del adiós al invierno y bienvenida a la primavera. Muchos rituales se desarrollan durante ella. Los “bliny” que son una especie de crepes rusas, son la comida por excelencia, y las fiestas se llenan de mascaradas. En ellas se repite el montaje y la quema de la efigie de Maslennitsa, se representan comedias de teatro, en las que grupos de hombres se pelean figurando el asedio de las ciudades nevadas. En este caos alegre, que se prolonga durante toda la semana antes de la Cuaresma, la alegría de la gente se une al carácter ruso, y es cuando Blotkhin lo dibuja, a veces sin límites, a veces reflejándolos.

 

Los dibujos pueden ser agrupados por series. Algunos son dibujos preparatorios para las composiciones de pintura que pueden tener una intención meramente estética asociada con las imágenes del mundo del arte clásico, pero otros son arte final que pueden tener una intención tan grotesca que nos hacen recordar a los bufones de Velázquez o a los Caprichos de Goya.

 

En paralelo a la idea de Maslennitsa está la “Serie rusa” con todos aquellos muzhichki (hombres pequeños) en ushankas (sombreros de piel), de rostros arrugados donde fácilmente se pueden leer las biografías de hombres de buen corazón, o borrachos, enterteniéndose sin complicaciones, entonando canciones acompañadas por la garmoshka (acordeón), silbando, tarareando o manteniendo largas y simples conversaciones sobre la vida. Ellos son personajes de la calle de cualquier ciudad rusa, pero cualquiera de esos viejos cómicos, puede devenir en el mítico pájaro de fuego.

 

Las series sobre los payasos y las bailarinas ocupan un lugar intermedio entre la narración, los estudios de composiciones y los retratos, pues con todos ellos comparten características. Las bailarinas son románticas, pero cláramente no son incorpóreas para nuestro artista. Blokhin se siente atraído por la plasticidad ideal del cuerpo femenino, elige un tema abstractamente bello pero lo acomete de la manera más natural, lo que le da la oportunidad de trabajar en la anatomía de la mujer joven. Al mismo tiempo, la intencional delicadeza de las líneas, la ligereza de manchas tonales, las grandes manchas de color blanco que dejan la hoja tan vacía como si le faltara espacio aéreo, crean imágenes armoniosas llenas de un lirismo exquisito, imágenes de la proverbial “belleza pura” sin ironías y sin monerías ñoñas.

 

Los payasos se representan como polaridades, sus rostros presentan grandes rasgos identificativos de su bondad y belleza, pero también un aire amargo y triste propio de la máscara acentuada por la incorporación activa del color en el dibujo. En ellas, el artista se interesa por la complejidad de los estados psicológicos, una disonancia entre lo interno y externo.

Las Bailarinas y los Payasos son dos polos opuestos: el ideal, sano, armónico contra lo exagerado, brutal y complicado. Muy a menudo este tema de la inter-penetración y la interrelación de la belleza y la fealdad se expresa en una misma imagen.

 

Nikolay Blokhin a menudo usa sus amigos como modelos para sus composiciones, la mayoría de ellos son también artistas, y muchos retratos de sus amigos están incluidos en las series de de imágenes de carnaval, ya que él los viste con trajes diferentes y mejora así el aspecto grotesco y festivo de sus imágenes,  creando de esta forma una atmósfera precisa para el retrato psicológico. Esto le da autenticidad a sus fantasías personales, porque la adición de un momento lúdico a la realidad ayuda enfatizar la esencia de los personajes.

 

Aunque en esta muestra nos centramos en los dibujos de Blokhin, también trabaja el óleo con soltura y genialidad, pero alcanzar el grado de maestría que tiene en el dibujo es algo tremendamente complejo en el óleo, aunque es un artista aún muy joven y su método de trabajo es muy sistemático, lo que con toda probabilidad hará que pronto nos ofrezca logros impensables para el común de los artistas. A pesar de ello os mostramos algunas de sus telas como indicación de su calidad más que notable.

 

Nikolai es actualmente el  Profesor de dibujo en la Academia de Arte de San Petersburgo, cargo que ocupa desde 1995 y tiene obras suyas colgando de las paredes del Parlamento Europeo. Además de figurar varios grandes museos y en algunas interesantes colecciones privadas de arte, forma parte de las más selectas sociedades de dibujo americanas y rusas,  sus obras son bien conocidos por el público en general y por todos los especialistas como obras de excepcional belleza.

 

También puedes encontrarlo en:

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