La Muerte de Sardanápalo

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Eugène Delacroix. 1827

La Muerte de Sardanapalo, 1827, Óleo sobre lienzo. Delacroix, 395 x 495cm, Museo del Louvre. Paris

Este famoso cuadro de Eugène Delacroix fue expuesto en el Salón de Paris del año 1827, precisamente enfrente del que presentó su enemigo íntimo, el pintor Ingres, confrontando así las dos fuertes tendencias de la pintura del momento, el romanticismo y el  neoclasicismo. Hoy consideramos a “La Muerte de Sardanápalo” como la obra cumbre y el manifiesto del romanticismo, pero en aquella exposición fue muy criticado y supuso un enorme escándalo. Además, dado que no fue defendido ni por sus amigos, las críticas y burlas provocaron que Delacroix se retirara de cualquier comparecencia pública durante cinco años. Sin embargo esta maravillosa pintura es vista hoy con nuevos criterios que la ensalzan como uno de los puntales de la pintura universal.

Históricamente debemos situarnos en plena Restauración, que fue un periodo histórico que siguió a la derrota de Napoleón en 1814 y a un pacto entre la monarquía y los revolucionarios para restaurar en el trono a los Borbones y también para restaurar las fronteras movidas tras las guerras iniciadas en 1792. Sin embargo, como se decía de los aristócratas franceses al regreso de su forzada emigración tras la revolucion francesa de 1789 “No han olvidado nada y no han aprendido nada”, las clases dirigentes pretenden volver al absolutismo previo a la revolución, algo que al final no consiguen pues el sistema tradicional había desaparecido para dejar paso al despotismo ilustrado. Coexisten entonces en Francia las dos marcadas tendencias sociales, la conservadora, representada en la pintura por el neoclasicismo, y la progresista, representada por los románticos que pretendían cambiar el sistema y superar el sistema social tradicional que pugnaba por sobrevivir, sustituyéndolo por el emanado del espíritu revolucionario, que en este cuadro se ve perfectamente reflejado.

Como muchos otros románticos, Delacroix se basó en relatos literarios para componer esta escena. Fundamentalmente lo extrajo de un relato de Diodoro de Sicilia, que había actualizado en un poema llamado “Sardanapalus” Lord Bryon escrito en 1821, y traducido al francès en 1822, en el que se puede leer :

(…)«Los revolucionarios lo asedian en su palacio… Desde su lecho, en la cima de una enorme pira, Sardanápalo ordena a los eunucos y a los funcionarios de palacio que degüellen a las mujeres, a los pajes y hasta a los caballos y perros favoritos : nada de cuanto había producido placer al rey debia sobrevivirle… Aisceh, mujer bactriana (antigua región de Afganistán), no soportando que un esclavo le dé muerte, se cuelga de una de las columnas que sostienen la techumbre… por ultimo, Beleah, copero de Saradanápalo, prende fuego a la pira y se precipita en ella» (…)

Y esta es la escena que representa Delacoix: Sardanápalo es un rey legendario de Nínive en Asiria que habría vivido de 661 a. C. al 631 a. C. Podría ser una mitificación de Asurbanipal, o una corrupción de su nombre, un rey muy cultivado y pacífico. O también es posible que Sardanápalo fuera el hermano de Assurbanipal, y este último sería entonces el encargado de gobernar Babilonia. Sardanápalo posteriormente conspiró contra Assurbanipal y, para castigarle, su hermano pone sitio a la ciudad. Cuando Sardanápalo intuye la derrota inminente, decide suicidarse con todas sus mujeres y sus caballos e incendiar su palacio y la ciudad, para evitar que el enemigo se apropiase de sus bienes. Esta antigua leyenda no se mantiene hoy, pues a pesar de los escasos datos que existen sobre el asunto, al parecer, de haber existido Sardanápalo sería el ejemplo del rey dedicado a los placeres de la vida, como rezaba un perdido epitafio de una supuesta tumba suya.

Al hablar de la descripción formal del cuadro, estamos obligados de hablar del movimiento. Los personajes son muchos, quince personas y un caballo que se superponen formando una agitada composición. Para acentuar este movimiento, la pintura se estructura sobre dos diagonales, los lados de la cama, que confluyen en un punto de fuga esta situado al lado de la cabeza de Sardanapalo para aparecer así como el protagonista central del drama. Pero Delacroix no respeta la unidad de acción como los clásicos.

En primer plano, se destacan dos espacios cargados de violencia. A la izquierda detrás del caballo y del esclavo, hay mucha gente, el espacio está completamente lleno y oscurecido. Mientras que del otro lado del cuadro se ven más los personajes simplemente por su separación, pero también por su cromatismo. En el fondo vemos una especia de ruina antigua, que con su color sombra permite contrastar y poner en evidencia la cama y los cuerpos claros que constituyen la escena principal. El lugar está mal definido y la estancia parece prolongarse hacia el espectador, pero ya podemos observar unos colores, una composición y una sensualidad que hablan de una escena violenta y dramática en un entorno íntimo, características todas que serán las que definen el romanticismo.

Al pie del rey está Myrrha, la esclava favorita y amante del rey, con la espalda desnuda, la cabeza recostada y los brazos abiertos sobre la cama. Frente a ella, un guardia está a punto de matar con su espada a una esclava de hombros desnudos. En la penumbra, arriba a la derecha, Aische, (mencionada por el pintor en la reseña que se escribía para explicar el cuadro en la libreta del Salón), se ahorca. A la derecha para la base del haz donde se ponen de acuerdo tonos ricos, quebrados  y refinados, un guardia mata por la espalda a una esclava voluptuosa, que solo comienza a perder su verticalidad.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Bajo ellos un busto desnudo de mujer hace pensar en Aline una mulata amiga de Delacroix que ya había sido retratada por él, y a su derecha, un hombre con la cabeza entre las manos se somete a la fatalidad mientras que otro, con brazos extendidos, suplica al rey.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Arriba, a la altura del rey, el copero Baléah, nombrado también en la reseña, presenta en vano a Sardanápalo, aguamiel, copa y servilleta. Más abajo, una mujer se vela la cara delante de un hombre que se clava un puñal en el pecho. Por último, la cara tranquila del sátrapa, que parece admirar la escena como un mero y hasta aburrido espectador, contrasta con la violencia de las matanzas y acentúa la virulencia del cuadro. Una escena cargada de asesinatos por acuchillamientos en la que no aparece la sangre y en la que el pintor se permite tantas libertades formales que es difícil darse cuenta de que el rey descansa sobre una cama triangular

Ya digo que el escándalo por la presentación de este cuadro fue mayúsculo. Se habló de sus errores en los periodicos del momento, en especial en “Le Quotidien” y en “Le journal des débats”. La desproporción de las críticas y de los insultos contra el pintor suscitados por la presentación de su cuadro molestó mucho a sus amigos, pero ninguno de ellos intervino para defenderlo, a pesar de ser personas de gran peso intelectual en la sociedad del momento. Victor Hugo,por ejemplo, gran amigo de Delacroix no toma públicamente partido. Solamente en una carta del 3 de abril de 1828, al año siguiente, enviada a Victor Pavis, manifiesta su entusiasmo por la obra, escribiendo: ” no creo que Delacroix ha fallado. Su Sardanápalo es una cosa magnífica y tan gigantesca que se escapa de las pequeñas vistas […] “. El pintor también es víctima de los chistes de los humoristas, que no le hicieron ninguna gracia, a pesar de su gusto por los juegos de palabras. El superintendente de Bellas Artes, Sosthène de La Rochefoucauld llega incluso a sugerirle “cambiar de manera de pintar”, a lo que por supuesto Delacroix categóricamente se niega. La violencia de estos ataques fue claramente lo que precipitó su desavenencia con el movimiento Romántico y a alejarlo durante cinco años de cualquier comparecencia públicas.


Es muy curioso que el espíritu orientalista que domina el cuadro era inventado. Delacroix aún no había viajado a Marruecos, lo hizo al año siguiente de pintarlo, y fue allí donde descubrió la acuarela, la luz y la voluptuosidad del norte de África, pero ya antes podíamos notar la particularidad de Delacroix que se escapa del escena clásico tradicional. Tiene su propia manera de pintar y acentúa el color y la materia para destacar una escena caótica mas estética que temática, pues la intención de la representación es puramente teatral, algo muy frecuente en toda la pintura de la época, aunque casi ninguna tenía la espontaneidad de ésta, y como muestra valga observar el cuadro que Ingres presentó aquel año al Salón de París y que se expuso frente al que hoy estudiamos, se llama “La apoteosis de Homero” y es típicamente neoclásico:

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