Candor masculino

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Pintura gay de la época victoriana

Henry Scott Tuke. 1858 – 1929

Precursor de la pintura moderna de efebos y candorosos muchachitos (lo que en inglés denominan “beefcake”, pero en la época los españoles conocíamos por “Uranistas” (de ‘Urania’ el apodo de Afrodita), Henry Scott siempre supo atender tanto a las estrictas normas de la moral victoriana, como pintar las cosas que quería, que eran claramente transgresoras. Desde mucho antes de ser reconocido como uno de los grandes pintores ingleses del siglo XIX, su casa en la costa sur inglesa recibía frecuentemente visitas no solo de sus amigos gays, entre los que por ejemplo se encontraba Oscar Wilde, sino de otras muchas importantes personas que iban a ver al pintor del candor y la luz.


Henry Scott Tuke se estableció en 1885 en Falmouth, Cornualles, zona en la que había pasado gran parte de su infancia, al suroeste del Reino Unido. Conociendo los encantos intactos del campo y de la costa, a Tuke la situación le pareció ideal. Podía continuar con las conexiones londinenses (siguió aceptando pedidos para retratos) y la colonia artística de Newlyn se encontraba a una distancia que le permitía un contacto regular mas no frecuente.Podía navegar desde el puerto de Falmouth en su barca y de vez en cuando, podía convertir su bergantín francés The Julie of Nantes en hogar alternativo y estudio privado. Podía incluso utilizar las remotas playas inaccesibles por tierra como escenas para sus cuadros.

Tras estudiar en la Slade School of Art de Londres, Tuke había pasado dos años, 1881-83, en París con Jean-Paul Laurens, un pintor de género histórico altamente respetado. Con el artista inglés Arthur Lemon fue a Pietro Santa, un pueblo en la costa entre Livorno y La Spezia, a unos cien kilómetros de Florencia. Por unos cuantos peniques, los bronceados jóvenes italianos posaban desnudos en la playa.

Tuke no tardó en adquirir una reputación. El primer reconocimiento le llegó en 1889 cuando los comisarios del Legado Chantry adquirieron la gran composición formal de heroísmo masculino, “Todos a las bombas de mano” 1888 (Galería Tate, Londres) por 420 libras.

Este ambicioso lienzo que contenía siete figuras cuidadosamente pintadas, lo terminó a bordo de un bergantín. Ésta fue su última composición clásica y de gran tamaño. A partir de entonces, trabajó al aire libre, pintando, en estilo naturalista, escenas de jóvenes desnudos y vestidos. El que, cinco años más tarde, el Legado Chantry adquiriera “Agosto azul” por 525 libras, representó una especie de bendición oficial para su nuevo estilo. “August Blue” es característico del estilo “plein air” de Tuke, en el que maneja de modo competente los efectos de la luz sobre el cuerpo y en el agua. Su formación académica se pone de manifiesto en la cuidadosa composición; pero la escena de los jóvenes desnudos bañándose, con una barca como base, en agua cristalina bajo un luminoso cielo azul, es de un estilo naturalista del que emana energía y, sobre todo, inocencia.

En la Royal Academy, en 1894, los relucientes colores, la brillante luz del sol y los cuerpos sanos de esta pintura le ganaron el favor popular. Mientras que artistas como Stott de Oldham ya habían expuesto en la Royal Academy pinturas de niños desnudos jugando en la playa, unos desnudos de jóvenes presentados con tal competencia y frescura nunca se habían visto antes.

En vez de escandalizar la moral victoriana, las pinturas de Tuke se consideraron como celebraciones inocentes e ingenuas de la alegría y el placer de la juventud, incorporando todo lo puro e inmaculado. Tuke pintó también otros temas, sobre todo retratos y acuarelas de escenas portuarias y barcos de vela navegando, de los cuales se desprende un encanto delicado y casi místico, pero son sus escenas de jóvenes al aire libre las que predominan.Pintaba a los jóvenes desnudos, dedicados a saludables actividades al aire libre, nadando, zambulléndose o remando bajo un cielo de una intensidad mediterránea. En otros cuadros, unos jóvenes vestidos descansan en barcos, se apoyan en una cerca, yacen en una hamaca, chapotean en el agua o juegan en verdes prados. Un poema escrito por Tuke a finales de los ochenta y publicado en The Artist hace patente el modo en que los idealizaba.

“Juventud, hermosa, atrevida y divina, amada por los dioses”. 

Es esta cualidad de pureza y respetabilidad, libre del prúrito del deseo, la que permitió a Tuke evitar las sugerencias directas de homoerotismo en su obra. En Falmouth, Tuke jamás ocultó cuales eran sus temas predilectos y obtuvo siempre el permiso de los padres antes de utilizar a sus modelos. Al principio, los jóvenes se mostraban renuentes a posar y Tuke tenía que usar el mismo modelo para distintas figuras de la misma pintura. En “Dos chicos pescadores de Falmouth”, expuesto en 1886 en el New English Art Club, con el título de Bañistas, usó como modelo para ambos chicos a su amigo y modelo «cockney» Walter Shilling.”Estoy casi harto de pintar al mismo chico, pero en la pintura de los bañistas lo veo como bastante impersonal, como el vehículo de un espléndido color de tez y de forma“, escribió.

Al hablar de la obra de Tuke, Stanhope Forbes menciona los problemas que tenía el artista para conseguir modelos: se vio obligado a hacer venir un chico de Londres, al que proporciona hospedaje y comida. Así que está pintando a este joven británico en el estilo al que tanto se oponen las matronas británicas.Hecho significativo: Tuke rara vez pintaba los genitales de sus figuras desnudas. Los ocultaba con una cuidadosa pose y, si esto no era posible, las pintaba bajo sombras.

A solicitud de Sydney Lomer, pintó en detalle los genitales en una pintura, pero los disimuló rápidamente cuando el cliente no compró la obra. Esta aparente timidez provocó que Leonard Duke, otro de los clientes habituales de Tuke, le pidiera una versión sin pantalones del óleo “Calor del mediodía” 1903. La pintura muestra a dos jóvenes en la playa, uno acostado boca arriba con pantalón holgado de algodón blanco. A su lado, un joven desnudo mirándolo a los ojos. La pintura es ambigua, pues se le puede interpretar como algo inocente tanto como algo cargado de sugerencias sexuales. Es aparentemente una pintura de dos jóvenes que disfrutan del sol y sostienen una amistosa conversación; igualmente posible, se puede suponer que la relación de los dos chicos es mucho más íntima, quizá más física. La versión «sin pantalones» de Tuke se publicó en página doble en la edición de agosto de 1933 de The Tatler.

Hubo críticas en cuanto a sus temas. Una, en 1889, en el Cornish Eco, de El saltador, cuadro en el que figuran unos jóvenes zambulléndose desde unas rocas y desde una barca, preguntaba por qué Tuke no centra su atención en un tema más aceptable. Sin embargo, sus obras se exponían anualmente en la Royal Academy y, en 1914, fue elegido miembro de la institución. En 1911 ya había sido elegido como miembro de pleno derecho de la Royal Watercolour Society. Tanto antes como después de la primera Guerra Mundial, Tuke contaba con un grupo de ardientes y entusiastas admiradores, muchos de los cuales eran homosexuales. Conocido como «pintor de la juventud», se consideraba que expresaba en forma visual las in quietudes más abiertas de una nueva época.

Entre los visitantes más regulares de Tuke figuraba John Addington Symonds, uno de los pocos homosexuales que trató de organizar la oposición contra la enmienda Labouchere de la Ley de Enmiendas a la Legislación Criminal de 1885, y autor del libro A Problem in Greek Ethics. Symonds, que era un gran admirador del poeta Walt Whitman, no tardó en reconocer el tema homosexual de su poema Calamus. Mantuvo correspondencia con él durante más de veinte años, interrogándolo sobre su obra y su significado. Quizá Tuke conociera también los poemas y se diera cuenta de la relación que existía entre ellos y sus propias pinturas. Otro gran admirador de Tuke fue Frederick George Reynolds (1880-1932), cuyo manejo de los temas al plein air y de desnudos juveniles es tan sexualmente sugerente, si no más, que el de su maestro.

Se especializó en desnudos masculinos a orillas del mar o entre rocas, bajo un brillante sol. En 1916 escribió sobre el placer de pintar los deportes y pasatiempos.y de de lograr transmitir la energía de alegres jóvenes. Los alegres jóvenes proporcionaban, efectivamente, al artista masculino que fuera homosexual la oportunidad de expresar un interés homoerótico. Las figuras eran generalmente hermosas, atractivas y, ante todo, inocentes, lo que permitía tanto al artista como al observador admirarlas desde una prudente distancia. Los temas eran también aceptables socialmente; quizá el prúrito del deseo estuviese reprimido, pero los pocos entendidos lo reconocían aún cuando no se hubiese satisfecho.

Textos de Emmanuel Cooper en “Artes plásticas y Homosexualidad”,  Editorial Laertes, Barcelona, 1990.

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