El peor insulto

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Cosacos zapórogos escribiendo una carta al Sultán

Ilia Repin. Óleo sobre lienzo. 1880 a 1891. 203 x 358 cms.

Como elDibujante sigue pensando que es una desgracia que en Occidente no conozcamos a pintores de la categoría del maestro Ilia Repin, hoy nos hacemos eco de este maravilloso cuadro, que por supuesto os presentamos en alta definición para que podáis apreciar sus detalles, pero también de su fabulosa historia y de las burradas que contiene, solo aptas para mentes abiertas de artistas que sean capaces de juzgar los hechos históricos desde la equidistancia que les otorga el tiempo, así que, por favor, preparaos para lo que vais a leer:

Primer boceto importante del cuadro

Los Cosacos zaporogos… rememora un hecho legendario de la historia rusa, cuando en 1676 los cosacos ucranianos enviaron una carta al Sultán del imperio otomano, luego de derrotar al ejército imperial en batalla, y ante la insistencia del Sultán para que -a pesar de esta derrota- aceptaran su dominio. Los Cosacos, liderados por Ivan Sirko, replicaron en forma poco común: escribieron una carta repleta de insultos y obscenidades.

El término ‘Zapórogo’ viene del idioma ucraniano “za porohy” que significa “tras los rápidos”, y hace referencia a aquellos siervos que escapaban a la estepa de la presión feudal introducida por la aristocracia polaca. Fundaron la “Sich de Zaporozhia”, su campamento, fuera del alcance del gobierno polaco, en los rápidos del río Dniéper.

El cuadro muestra la diversión de los cosacos al leer el ultimátum del Sultan, y escribir y leer la sarta de vulgaridades que constituyó la respuesta. En la época de Repin, estos amantes de la guerra y la libertad eran objeto de gran simpatía popular, y el mismo pintor los admiraba: “Todo lo que Gogol escribió sobre ellos es verdad…¡Bendita gente!…nadie en el mundo ha mostrado ese espíritu de libertad, igualdad y fraternidad”. Pero veamos con más exactitud de qué diablos se reían estos desvalidos angelitos:

El ultimátum del Sultán

Así se expresaba el sultán en su ultimátum. Parece este texto extraído o compuesto del encabezado habitual de determinados documentos oficiales Turcos que guardaban el protocolo escribano de la época:

Como Sultán, hijo de Mahoma; hermano del sol y de la luna; nieto y virrey de Dios, gobernante de los reinos de Macedonia, Babilonia, Jerusalen, Alto y Bajo Egipto, emperador de emperadores, soberano de soberanos, extraordinario caballero, nunca derrotado; firme guardián de la tumba de Jesucristo, delegado del poder divino, esperanza y confort de los musulmanes, cofundador y gran defensor de los cristianos,… Les ordeno, cosacos zaporogos, a someterse a mí voluntariamente sin resistencia alguna, y cesar de molestarme con vuestros ataques.

—Sultán de Turquía Mehmed IV

La respuesta de los cosacos

Según la leyenda, la respuesta fue un conjunto de invectivas parodiando los títulos del Sultán:

¡Cosacos zaporogos al Sultán turco! Oh sultán, demonio turco, y a los parientes y amigos del insoportable demonio, secretario de Lucifer. ¿Qué clase de caballero del demonio eres que no puedes matar un erizo con tu culo desnudo?. El demonio caga, y tu ejército come. No podrás, hijo de mala madre, hacer presa de los hijos cristianos; no tememos a tu ejército, te combatiremos por tierra y por mar, púdrete.

¡Despojo babilónico, loco macedónico, copero de Jerusalén, macho cabrío de Alejandría, porquero del alto y bajo Egipto, cerdo armenio, ladrón de Podolia, calamidad tártara, verdugo de Kamyanets, tonto de todo el mundo y el submundo, idiota ante Dios, nieto de la serpiente, calambre en nuestros penes, morro de cerdo, culo de yegua, perro de matadero, rostro del anticristianismo, fóllate a tu propia madre!

¡Por esto los zaporogos te declaran basura de bajo fondo, nunca podrás apacentar a los cerdos cristianos. Concluímos con ésto, y como no sabemos la fecha ni poseemos calendario, la luna en el cielo, el año del Señor, el mismo día es aquí que allí, así que bésanos el culo!

—Koshovyi Otaman, Ivan Sirko, y todos los Zapórogos

 

Cómo empezó esta historia

Al parecer en un momento sin concretar se encontró un documento histórico, ya oportunamente perdido. Precísamente, por supuesto, la respuesta cosaca, y se hace un extracto de ella en 1918. Tal extracto cayó en manos del famoso etnógrafo James Pavlovich Novitsky, quien desconocía la antigüedad de este documento escrito en ucraniano. Novitsky, en un encuentro amistoso dio una copia a su amigo Yavornytsky, el etnógrafo, folclorista y estudioso principal de los cosacos, de quienes escribió toda una controvertida historia en tres tomos. Bueno, pues esta copia fue leída, como una curiosidad, a sus invitados, entre los cuales estaba Ilya Repin, el pintor. Finalmente de la inspiración del artista y la íntima complicidad de Yavornitsky surgió la elaboración de esta imagen, y a partir de la maravillosa calidad del cuadro, se ha asentado la historia que explica como una leyenda verdadera lo que probablemente fuese falso.

Transcripción de la respuesta al Ucraniano, de 1916

Sin embargo, en realidad parece que la supuesta respuesta, ya muy famosa, de los cosacos al sultán, si es que existió, nunca debió salir del campamento, y más aún, no hay constancia de que algo parecido llegara nunca a las manos del sultán turco. Lo más probable es que el asunto quedara como que los cosacos se divirtieron un montón  y sublimaron, por así decirlo, su creatividad en un género epistolar original y poco diplomático.

Quién es quién en el cuadro

Fue tanta la participación que Dmitri Yavornytsky tuvo en esta historia que el pintor, Ilia Repin le retrata en el cuadro como uno de los principales personajes, precisamente el escribano que redacta la carta de contestación al sultán. Ya vemos que aquí el mismo pintor parece satirizar la autenticidad de esta historia, que surge así verdaderamente desde el mismo cuadro.

Uno de los personajes principales fue el artista Ivan Franzevich Tsionglinskogo, profesor de Escuela de Dibujo de la Sociedad Imperial para el Fomento de las Artes, que participó activamente en la asociación de San Petersburgo “Mundo del Arte Creativo”. Es curioso que naciera en Varsovia, y su nacionalidad, al parecer, fue polaca, sin embargo, forma parte del grupo de cosacos.

La sonrisa hermosa de características nobles e inteligentes  es la de nada menos que un sobrino nieto del famoso compositor ruso Mijail Glinka. Un joven con el que se encuentra Repin en San Petersburgo en aquellos días.

De pié con un vendaje en la cabeza aparece un artista de Odesa, Nikolai Kuznetsov, atleta prominente, un excelente luchador y miembro de la Academia de Bellas Artes, profesor de clases de pintura en la Academia. Kuznetsov tuvo amistad con todos los artistas de Odessa, fue uno de los fundadores de la Asociación de artistas rusos de Odessa y la Sociedad Literaria y Artística de Odessa.

Con cara desdentada y arrugada Repin retrató a un compañero de viaje que encontró en el muelle en Alexandrovsk (ahora Zaporizhia). La historia no conserva su nombre, pero su imagen fue repetida por el artista durante muchos años en varios lienzos.

Un estudiante cosaco típico, adornado con Makitra, murió tan joven que ni siquiera tuvo tiempo de dejarse crecer el bigote. Fue el artista Porfirio Demyanovich Martynovich. Estudió en la Academia de Arte,en la que destacaba, por cierto, en máscaras de filigranas pero debido a una enfermedad a los 25 años se vio obligado a abandonar y pronto murió. Sin embargo, lo más interesante es que los ojos de Repin nunca habían visto antes a un cosaco zapórogo y al no vivir Martynovich cuando se realizó este retrato, Repin lo pintó de una máscara de yeso, extraida de la cara del joven artista. Y aún más divertido es que el pobre hombre, cuando se hizo la máscara sonrió, y la sonrisa se ​​mantuvo en la máscara. Por tanto, Repin le dibujó así.

Y este tipo con los ojos sombríos que piensa y medita no es otro que Vassily Tarnowski, coleccionista y filántropo de Ucrania dueño de la conocida finca  Kachanivka, en donde Repin y Tarnovsky situan la escena del cuadro, a la que se desplazaron para estudiar la veracidad de la historia y donde se realizaron sucesivas campañas de excavaciones arqueológicas. Su colección de antigüedades de la época cosaca se convirtió en la base para la formación de Museo Histórico de los Cosacos.

Esta es la imagen del conductor del ferry del Dnieper, Nikishka. Es el cosaco típico de la Golota. Repin, lo pintó desde un postura contrapicada, desde abajo, pues siempre estaba bebido y riéndose a carcajadas. Tuerto y con un solo ojo tuvo su retrato, cuando Repin junto con Tarnowski cruzaron el Dnieper, en el ferry.

Bueno, este es el cacique – el supuesto líder del campamento, Iván D. Sirko – una de las figuras centrales de la pintura. El artista buscó un modelo válido durante mucho tiempo para que se viera como aparece en la imagen, de pie al final, rodeado de los generales. Terminó siendo Mikhail Ivanovich Dragomirova, el entonces comandante del distrito militar de Kiev, y luego Gobernador General de Kiev. Héroe de la guerra ruso-turca, y sobre todo muy bromista. Dragomirov fue extraordinariamente popular entre los habitantes de Kiev. Sobre él se contaron muchas leyendas, la más famosa de las cuales cuenta la historia de un supuesto telegrama enviado al emperador Alejandro por él mismo comenzaba diciendo: “Al tercer día de beber a la salud de Vuestra Majestad…” Parece que el general, como D. Sirko, tuvo también una original experiencia en el género epistolar, lo  que convenció a Repin de que es su modelo central elegido era el correcto.

Y este es un personaje que representa a un guerrero tártaro, en realidad, fue estudiante tártaro. Pero hay que tener en cuenta que no todos los rasgos de su rostro tártaro eran reales: los dientes blancos hermosos fueron tomados “prestados” por el artista del cráneo de Kozak Zaporozets que se encuentró en las excavaciones cerca del campamento cosaco.

Para un hombre gordo que se supone que representa a un personaje de libro – Taras Bulba – el prototipo fue profesor del Conservatorio de San Petersburgo Alexander Шрам. A pesar de que vivió y trabajó en San Petersburgo, y que era originario de Starodub, fue descendiente de una noble familia polaca. Шрам fue un músico talentoso y un gran maestro que interpretaba perfectamente muchos instrumentos, incluyendo el piano y la bandurria.

Tras Taras Bulba aparece un cosaco de cara delgada que resulta ser Fyodor Stravinsky Ignatevich, el padre del célebre compositor Igor Stravinsky. Por cierto, F. Stravinsky también fue un buen pintor, y dudó durante mucho tiempo de ir al Conservatorio de Música, o a la Academia de las Artes. Al final su amor por la música ganó, pero en todo el mundo del arte Fedor Ignatevich fue siempre muy respetado.

El dueño de esta inmensa calva y de un cuello de tres muslos es nada menos que George Petrovich Alexeyev. De personalidad, debo decir, única: Mariscal de la provincia de Ekaterinoslavskaya, Chambelán jefe de la corte de Su Majestad, Titular de casi todas las órdenes de Rusia y ciudadano de honor de Yekaterinoslav, fue un numismático apasionado, autor de trabajos académicos en la numismática de Rusia. Me encanta la historia anecdótica acerca de cómo se plantea Repin su inclusión en el cuadro. Vio la cabeza única con ese cuello y esa calva, y sintió un impulso irrefrenable para inmortalizarlo en el cuadro. Sin embargo, Alexeyev, indignado, rechazó la propuesta del artista de posar para él en una posición tan fea. Aquí para ayudar a Repin llegó Yavornytsky. Invitó a Alexeev ver su colección de monedas, en secreto se colocó el pintor atrás, y mientras admiraba la colección numismática con toda confianza, la rápida mano del maestro lo retrató en la perspectiva correcta. George Petrovich, que se reconoció al verse en la Galería Tretiakov, estuvo muy enojado con ambos, pero ya no hubo nada que hacer

El semidesnudo guerrero Zaporozhye y jugador al mismo tiempo, es un amigo de Repin y Yavornitsky, maestro de escuela pública, Konstantin Dmitrievich Belonovsky. Sin embargo, fue jugador sólo para la trama de esta imagen, no en la vida. Por cierto, como esa persona debe mostrar una imagen no de soldado, sino de apasionado de los juegos de azar, se representa con el torso desnudo porque en los juegos de cartas los cosacos se quitaban las camisetas para demostrar que no ocultaban las cartas debajo las mangas de la camisa.

El desarrollo de la Obra

La pintura fue iniciada en 1880 y completada en 1891. Once largos años de trabajo que Repin registró en el cuadro en el borde inferior, y durante los cuales la fama de la obra fue tomando cuerpo en base a rumores que hablaban de su existencia. Al presentarse en sociedad en la Galería Tretiakov, se desencadenó todo un acontecimiento cultural, con múltiples críticas incluidas. Por la sala pasó toda la aristocracia de Moscú incluída la corte imperial. Tras varias exposiciones importantes, la obra fue adquirida por el zar Alejandro III en 35.000 rublos, suma que en esa época fue la mayor pagada por una pintura e hizo que el artista (que ya era rico) no tuviera que volver a preocuparse del dinero en su restante vida. Desde su adquisición se exhibe en el Museo Ruso de Alejandro III en San Petersburgo.

Pocas personas saben sin embargo que esta imagen tiene otras versiones. Podemos decir que la versión oficial se completó, como se ha dicho, en 1891. Pero antes de que terminara la primera versión, Repin en 1889 comenzó a trabajar en un segundo cuadro, que terminó, según unos en 1893, o según otros en 1896. En realidad esta segunda versión no parece estar acabada y de ella se desarrollaron al menos tres diferentes estudios que os presentamos ahora.




Si algo nos enseña esta historia es que una narración se hace cierta por repetirse y contarse bien, y que su veracidad termina siendo un asunto menor históricamente hablando, toda vez que ha conseguido modificar la propia historia y con ella innumerables vidas.

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