¡Silencio!, Chardin.

La mesa de la cocina

Jean Siméon Chardin

Óleo sobre lienzo. 38 x 46 cms. Museo del Louvre. París.

Ahora que el Museo del Prado inicia la exposición dedicada a este humilde y genial pintor francés poco conocido en España, y que estará abierta desde el 1 de marzo al 29 de mayo de 2011, cuyo comisario es Pierre Rosenberg, director del Louvre, miembro de la Academia Francesa, uno de los mejores especialistas en Chardin y una de las personalidades más fascinantes actualmente en el mundo del arte (a mi entender), os traigo la colección de sus bodegones en alta definición, como siempre en este sitio. Cincuenta de sus cuadros, listos para que los escrutéis, disfrutéis y copiéis, tal como han hecho muchos de los grandes maestros de la pintura, como Cézanne, Matisse, Picasso, Morandi y Lucien Freud, que lo consideraron su maestro y precursor.

Porque con Chardin uno aprende el recogimiento necesario para pintar. ‘Es necesario que me olvide de todo lo que he visto e incluso de la forma en la que otros han tratado estos motivos‘ decía él. Y con razón, la mente del pintor debe estar limpia de otras imágenes que la contaminan e influyen en la obtención de la originalidad. Antes a este género de pinturas, el bodegón o naturaleza muerta, se lo consideraba un género menor porque carecía de la rimbombancia de la pintura histórica y del enmarañado mensaje de la mítica, sin embargo no solo gustaba a reyes y reinas europeos que constantemente rondaban al pobre maestro, sino también al resto de sus compañeros pintores, quienes no solo reconocieron el valor de su pintura, sino su dedicación al gremio de pintores a través de sus labores en la Academia y en la organización de los Salones.

De su vida podemos decir que no fue demasiado grata. Se casó dos veces, con la primera mujer tuvo dos hijas, una de las cuales falleció con cuatro años, y un hijo que también terminó siendo pintor. Con la segunda mujer, viuda de un mosquetero, tuvo otra hija que también falleció prematuramente. Su hijo ganó una medalla de la Academia, y tuvo una breve pero azarosa vida, fue secuestrado por unos corsarios ingleses y terminó suicidándose ahogado en Venecia. Él nunca salió de París, donde vivió en Saint Sulpice y en una casa del Louvre.

Su pintura de bodegones tiene el gusto de la luz intensa y los fondos neutros, del empaste granuloso y de las texturas trabajadas lentamente. Vidrios transparentes, porcelanas esmaltadas, carnes sanguinolentas y frutas coloreadas. A mi madre le apasionaba Chardin y se pasaba largas tardes de invierno copiando sus hermosas naturalezas silenciosas. ¡Cuánto me hubiera gustado acompañarte a su exposición!

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